domingo, 10 de julio de 2016

IAN McEWAN: La ley del menor



Ian McEwan nació el 21 de mayo de 1948 en la localidad inglesa de Aldershot (Reino Unido). Es hijo de un militar escocés. A causa del trabajo de su padre, Ian creció en diferentes lugares del mundo, entre ellos Singapur o Trípoli.
Estudió escritura creativa en la Universidad de East Anglia y debutó como literato a mediados de los años 70 con “Primer Amor, Últimos Ritos (First Love, Last Rites)” (1975), un libro de relatos con el que ganó el premio Somerset Maugham. Tres años más tarde publicó otra colección de textos cortos titulada “Entre Las Sábanas (In Between the Sheets)” (1978).

Debutó como novelista con Jardín Del Cemento (The cement garden) (1978). Novela  narraba las peripecias de un grupo de huérfanos escondiendo a su madre muerta para así no verse desunidos, McEwan se convirtió en uno de los más importantes novelistas británicos gracias a títulos como “El Placer Del Viajero (The comfort of strangers)” (1981), “Niños En El Tiempo (The child in time)” (1987), “El Inocente (The innocent)” (1990), “Perros Negros (Black Dogs)” (1992), “The Daydreamer” (1994), “Amor Perdurable (Enduring Love)” (1997), “Amsterdam (Amsterdam)” (1998), novela por la que obtuvo el premio Booker, y “Expiación (Atonement)” (2001).
“Sábado (Saturday)” (2005) se centra en la reflexión vital de un neurocirujano con el contexto terrorista y la guerra de Iraq, mientras que “Chesil Beach” (2007) se ambienta en los años 60 para narrar una historia de amor entre jóvenes de distinta clase social.


En “Solar” (2010), libro satírico con el cambio climático en primer plano, cuenta la historia de Michael Beard, un científico ganador del premio Nobel que sufre por las infidelidades de su mujer diecinueve años más joven que él.
La novela “Operación Dulce” nos llevó a tiempos de la Guerra Fría. Más tarde Ian McEwan publicó “La Ley Del Menor”, novela sobre cuestiones legales, éticas, morales, familiares y religiosas.
Además de estos trabajos literarios, Ian McEwan ha trabajado en televisión y en el cine como guionista, escribiendo las películas “The Ploughman’s Lunch” (1983) o “El Buen Hijo” (1993).







McEwan, Ian - Editorial Anagrama



LA LEY DEL MENOR

"Cuando un tribunal se pronuncia sobre cualquier cuestión relativa a [...] la educación de un niño [...] el bienestar del menor será la consideración primordial del juez."

Sección I (a) Ley del MENOR (1989)

"Ningún niño era una isla"

"Londres. Una semana después de iniciado el Trinity Term. Clima implacable de junio. Fiona Maye, magistrada del Tribunal Superior de Justicia, tumbada de espaldas una noche de domingo en un diván de su domicilio, miraba por encima de sus pies, enfundados en unas medias, hacia el fondo de la habitación, hacia unas estanterías empotradas, parcialmente visibles junto a la chimenea y, a un costado, al lado de una ventana alta, a una litografía de Renoir de una bañista, comprada treinta años antes por cincuenta libras. Probablemente falsa."

En este tono y con este fragmento se inicia la novela La ley del menor, se nos presenta a la protagonista y se hace hincapié en su oficio, magistrada del Tribunal Superior de Justicia, como si este hecho fuera el elemento principal  del personaje que nos presenta. Y automáticamente nos percatamos de que Fiona es mucho más que un oficio y quizá en esta dicotomía entre el estar y el ser se centraría uno de los temas principales de la novela, ella ejerce su oficio con responsabilidad, equidad y cumpliendo el reglamento y las normas, pero la vida es aquello pasa por delante mientras cree tenerlo todo controlado. 

Fiona Maye, cincuenta y nueve años, jueza del Tribunal Superior especializada en derecho de familia que sin embargo no ha formado la suya propia, ha sacrificado la maternidad por su trabajo y ha camuflado su instinto maternal acogiendo sobrinos y parientes que la entretienen algún que otro fin de semana pero que no le suponen ni el esfuerzo ni el sacrificio que realmente comportan los hijos. Su matrimonio naufraga en la rutina, "Era pasión, no devoción, lo que le faltaba" (pág. 30). Jack, su marido, profesor de historia y a punto de cumplir la sesentena en un tono serio, desapasionado y muy británico le pide en peculiar permiso: quiere tener la primera y última aventura con una tal Melanie desea tener una aventura con una jovencita, porque ya no puede más de aburrimiento. Ella, racional y  dolida no accede a la petición de su esposo y este se marcha de casa sin dar un portazo,  todo muy civilizado y muy británico.

Y mientras su matrimonio se hunde le llega el caso de Adam Henry... el juzgado de Fiona recibe el caso de un adolescente testigo de Jehová que padece leucemia y necesita una transfusión urgente. Pero el chico, debido a sus creencias religiosas, se niega a recibir la sangre. Le toca a la jueza decidir si los médicos deben inyectarle la vida contra su voluntad, es decir, si una persona tiene derecho a morir por sus convicciones o si el Estado puede forzarla a actuar racionalmente. Adam es un chico inteligente, muy inteligente, maduro para su edad, guapo y sensible. Lamentablemente, padece leucemia y Fiona irá a verlo al hospital. Habla con él de poesía, le escucha tocar el violín...

De la primera parte se han ocupado los críticos literarios. Han hablado de lo inverosímil de la trama, de la debilidad de los personajes o de lo apresurado de los ritmos. Coincido con ellos. En esa parte, el relato va deprisa y sin detalles. Ello, sin embargo, me parece intencionado, tal vez hasta adecuado. La intención de McEwan no es contar cómo se desgaja un matrimonio, ni cómo ni por qué se recompone. Lo que le interesa es dar cuenta del mundo judicial inglés y, en particular, del modo en que ante casos graves opera una juzgadora. De las maneras en que el derecho impera sobre otras formas sociales.


Las dos tramas funcionan de forma paralela, con idéntica impronta en el desarrollo de la novela y sin que a priori, ni tal vez a posteriori, exista una interrelación entre ambas. Quizá por ello me ha costado entender la intención, o propósito si se prefiere, de Ian McEwan. La dicotomía entre la libertad personal y la legalidad en defensa de la vida resulta obvia. Ya antes del asunto de Adam, Fiona Maye tuvo que juzgar casos de similar calado: el de unos padres católicos que se negaban a separar a sus hijas siamesas porque una de ellas moriría; el de un musulmán que quería retirar la custodia de su hija asignada a la madre porque no la educaba de acuerdo a sus creencias; o la de unos judíos ortodoxos que también cuestionaban determinados tipos de educación occidental.


Los casos considerados son reales. Muchos de ellos fueron fallados por Sir Allan Ward y están difundidos y reconocidos en el mundo jurídico internacional. ¿A qué parte se debe asignar la custodia de dos hijos y sus posibilidades de desarrollo cuando uno de sus padres profesa una fe religiosa más estricta que el otro al extremo de dificultar la educación de los menores? ¿A quién (o a qué) se debe acudir para determinar la separación de unos siameses frente a la disyuntiva de salvar la vida a uno y matar al otro o, irremediablemente, dejar que ambos mueran en breve plazo? ¿Qué hacer frente a la negativa absoluta de un menor de edad, sus padres y su comunidad religiosa para recibir una transfusión sanguínea frente a la necesidad imperiosa de hacerla para mantener la vida misma del primero?

McEwan se adentró en el complejo sistema jurídico y judicial inglés. Conversó con jueces y estudió sus prácticas. Entendió sus diferentes dilemas de resolución. Luego, les dio forma literaria. Identificó un mundo propio influenciado por la moral y la religión, pero bien diferenciado de ellas. Un mundo construido para tratar de resolver, si no todos, sí variados conflictos sociales. Un mundo donde prevalecen normas legislativas, precedentes judiciales, pruebas y argumentos. Un espacio donde el conflicto humano debe transformarse en litigio para hacerse visible y resoluble a partir de elementos propios.

A partir de aquí y de la decisión que se tomará de acuerdo a la Ley del Menor, McEwan nos trae una novela cargada de decisiones éticas y de conflictos. Con un estilo sosegado y armonioso, en estas páginas vamos a encontrar el punto en el que la fe y la justicia se encuentran y se repelen y como todos necesitamos un asidero al que agarrarnos.

Los personajes se mueven en ambientes refinados, cultos pero hay un transfondo de justicia social, como en el caso de los muchachos que mantiene una pelea en la puerta de un pub y el abogado se queja de que en el fondo la clase social es lo que ha condenado a su cliente, pero esta reflexión se contrapone a la impaciencia de Fiona esperando que su compañero termine su perorata para empezar con los ensayos, con una frivolidad aplastante. 


Estos temas se enmarcan en una narración vertiginosa y llena de detalles. Con un lenguaje concreto, conciso y sin florituras. Con su forma directa de exponer las cuestiones. Con su propio bagaje de escritor experimentado y de larga trayectoria. Con su elegancia. Porque McEwanes un escritor elegante, que no desea hacer sangre sino, quizá, ahondar en lo más sagrado que tenemos los seres humanos, aquello que nos toca más ampliamente. Una pieza de cámara tan depurada y económica como repleta de conflictos y volúmenes; una novela grácil y armoniosa, clásica en el mejor sentido de la palabra, que juega su partida en el terreno genuino de la escritura más indagadora: el de los dilemas éticos y las responsabilidades morales; el de las preguntas difíciles de responder pero imposibles de soslayar. La ley del menor habla del lugar donde justicia y fe se encuentran y se repelen; de las decisiones y sus consecuencias sobre nosotros y los demás; de la búsqueda de sentido, de asideros, y de lo que sucede cuando éstos se nos escapan de las manos: lo hace con la seguridad tranquila de un maestro en la plenitud quintaesenciada de sus facultades.


Y la novela termina: 
"Estaban cara a cara en la media luz, y mientras la gran ciudad lavada por la lluvia, fuera del dormitorio, implantaba sus más tenues ritmos nocturnos, y su matrimonio se renovaba a trompicones, ella le habló en voz baja y firme de su vergüenza, de la pasión por la vida de aquel dulce chico y del papel que ella había desempeñado en la muerte de Adam"


Música y poesía: 

Versión de Benjamin Britten del poema de Yeats "Down by the Salley Gardens", que toca Adam al violín y Fiona canta en su primera entrevista en el hospita.






Poema de Yeats: ALLÁ EN LOS JARDINES DE SALLEY (DOWN BY THE SALLEY GARDENS)



Down by the salley gardens my love and I did meet;
She passed the salley gardens with little snow-white feet.
She bid me take love easy, as the leaves grow on the tree;
But I, being young and foolish, with her would not agree.
Allá en los jardines de Salley mi amor y yo nos encontramos;
Pasó por los jardines de Salley con pies pequeños, blancos como nieve.
Me dijo que me tomase el amor con naturalidad, como las hojas que crecen en el árbol;
Pero yo, siendo joven y tonto, no estuve de acuerdo con ella.
In a field by the river my love and I did stand,
And on my leaning shoulder she laid her snow-white hand.
She bid me take life easy, as the grass grows on the weirs;
But I was young and foolish, and now am full of tears.
En un prado junto al río mi amor y yo nos encontrábamos,
Y en mi hombro inclinado ella apoyó su mano, blanca como nieve.
Me dijo que me tomase la vida con naturalidad, como la yerba crece en las presas;
Pero yo era joven y tonto, y ahora estoy lleno de lágrimas.

KEITH JARRET Facing You



Nuits d'été Berlioz


MAHLER: Estoy perdido en el mundo



Librería Wildy


















Su domicilio: Gray´s Inn
"Dobló hacia Gray´s Inn, su santuario familiar. Cuando se adentraba allí siempre le agradaba percibir cómio se apalcaba el estruendo del tráfico urbano. Una comunidad privada de carácter histórico, una fortaleza de letrados y jueces  que también eran musicos, amantes del vino, aspirantes a escritores... Adoraba aquel lugra y nunca quiso marcharse." 



NEWCASTLE



16 autores británicos que devorar.


Fecunda como pocas, la literatura de Reino Unido ha alumbrado a un sinnúmero de escritores esenciales en todos los géneros. 


domingo, 5 de junio de 2016

RUTA LITERARIA: Últimas tardes con Teresa

"Hay apodos que ilustran no solamente una manera de vivir, sino también la naturaleza social del mundo en que uno vive. La noche del 23 de junio de 1956, verbena de San Juan, el llamado Pijoaparte surgió de las sombras de su barrio vestido con un flamante traje de verano color canela; bajó caminando por la carretera del Carmelo hasta la plaza Sanllehy..."

Así se inicia la novela de Juan Marsé Últimas tardes con Teresa presentándonos a su protagonista, el Pijoaparte, Manolo Reyes, y situándola en un tiempo, la verbena de San Juan del 1956 y en un espacio muy concreto y determinado, el barrio de El Carmelo.

Nosotros seguiremos los pasos de su protagonista, el Pijoaparte, la representación del tipo de de la clase baja y marginada que aspira a conseguir su sueño de prestigio social a trevés de Teresa, la bella estudiante hija de la burguesía. Estos amores tienen como marco la Barcelona de los años 50 , buscaremos los rincones que se esconden en la novela. Pero antes de veremos algunos aspectos del autor y de la obra. 

Juan MARSÉ
JUAN MARSÉ: 
  1. El Mundo
  2. La Vanguardia   (11/02/2015):  "Me habría encantado descender de piratas"
  3. El País (04/12/ 2005):El Pijoaparte' sería hoy un inmigrante del Magreb"

Portada de la edición de Seix Barral
  • LA NOVELA: Últimas tardes con Teresa
              En este enlace encontrarás información sobre la novela y la obra de Juan Marsé.

       
LA BARCELONA DE MARSÉ: 


Ahora iniciaremos nuestro paseo por las calles de El Carmelo, en la novela no solo aparece este lugar, son múltiples los escenarios por los que se mueve nuestro protagonista, él no lo hace  a  pie, va motorizado y si no dispone en ese momento de moto  no duda en robarla. Así va desde lo alto de los barrios periféricos a San Gervasi, La Rambla, la universidad, incluso Blanes, pero nosostros centraremos nuestro paseo en el espacio más emblemático El Carmelo.


La ruta sigue el itinerario que propone la Biblioteca El Carmel- Juan Marsé y que han elaborado a partir de la lectura de la novela. Nosotros (mi marido, Jesús Quesada) y yo hemos realizado la ruta en tiempo real y marcado en la aplicación de wikiloc la ruta que efectuaremos el miércoles, 8 de junio. 



Iré explicando los puntos de interés y relacionándolos con fragmentos de la obra: 

«El Monte Carmelo es una colina desnuda y árida situada al noroeste de la ciudad. Manejados los invisibles hilos por expertas manos de niño, a menudo se ven cometas de brillantes colores en el azul del cielo, estremecidas por el viento y asomando por encima de la cumbre igual que escudos que anunciaran un sueño guerrero.» PÀG 37
«La colina se levanta junto al Parque Güell, cuyas verdes frondosidades y fantasías arquitectónicas de cuento de hadas mira con escepticismo por encima del hombro, y forma cadena con el Turó de la Rubira, habitado en sus laderas, y con la Montaña Pelada.» PÀG 38
«(…) En los grises años de la posguerra, cuando el estómago vacío y el piojo verde exigían cada día algún sueño que hiciera más soportable la realidad, el Monte Carmelo fue predilecto y fabuloso campo de aventuras de los desaparrados niños de los barrios de Casa Baró, del Guinardó y La Salud.» PÀG 37


PUNTOS DE LA RUTA: 

 1. Biblioteca El Carmel – Juan Marsé.
Biblioteca ELCarmel- Juan Marsé
La Biblioteca El Carmel- Juan Marsé de Biblioteques de Barcelona, esta especializada en Novela barcelonesa contemporánea desde que se inauguró en el año  2003. Cuenta con una amplia colección de documentos, de todos los ámbito de la ciudad de Barcelona.  

2. RAMBLA DEL CARMEL. C/ LLOBREGÓS. 

Monumento David y Goliat
Podemos ver el monumento dedicado a las Brigadas internacionales llegadas de todos los lugares del mundo para defender la República, inaugurado en 1988, obra de Roy Shifrin, conocido con el nombre de David y Goliat.

Desde aquí podemos ver el punto más elevado del turó de la Rovira, con los restos de las baterías antiaéreas que sirvieron de defensa de la ciudad durante los bombardeos facistas de la Guerra Civil. A partir de 1948 fueron ocupadas por las barracas. 

Bunquers de El Carmel
«Un viejo cañón antiaéreo disparando desde lo alto del Carmelo y haciendo retumbar los cristales de las ventanas de todo el barrio (entonces, cuando la guerra, vivía en la barriada de Gracia, y al horrendo cañón aquel, la gente lo llamaba “el abuelo”).»
En este enlace encontraréis más información: MUHBA Turó de la Rovira.
Nosotros no subiremos, queda un poco apartado, pero es una visita muy recomendable. 

"Acaba de salir de su casa, que forma parte de un enjambre de barracas situadas bajo la última revuelta, en una plataforma colgada sobre la ciudad: desde la carretera, al acercarse, la sensación de caminar hacia el abismo dura lo que tarda la mirada en descubrir las casitas de ladrillo. Sus techos de uralita empastados de alquitrán están sembrados de piedras. Pintadas con tiernos colores, su altura sobrepasa apenas la cabeza de un hombre y están dispuestas en hileras que apuntan hacia el mar, formando callecitas de tierra limpia, barrida y regada con esmero. Algunas tienen pequeños patios donde crece una parra. Abajo, al fondo, la ciudad se estira hacia las inmensidades cerúleas del Mediterráneo bajo brumas y rumores sordos de industrial… La casa del muchacho es la segunda de la hilera de la derecha, al borde de las últimas estribaciones de la colina. Vive con su hermano mayor y su cuñada y cuatro chiquillos endiablados. La casa fue del suegro, un viejo mecánico del Perchel, que llegó aquí con su hija en una de las primeras grandes oleadas migratorias de 1941, después de perder a su mujer y haber podido salvar los útiles de trabajo y algunos ahorros. Construyó la casita con sus manos y compró un pequeño cobertizo en lo alto de la carretera, entre una panadería y lo que hoy es el bar Pibe, convirtiéndolo en taller de reparación de bicicletas."

3. C/ PEDRELL/P.FONT MULASSA. CASES UNIFAMILIARS.
«Antes de la guerra, el Carmelo y el Guinardó se componían de torres y casitas de planta baja: eran todavía lugar de retiro para algunos aventajados comerciantes de la clase media barcelonesa. Pero se fueron. Quién sabe si al ver llegar a los refugiados de los años cuarenta, jadeando como náufragos, quemada la piel no sólo por el sol despiadado de una guerra perdida, sino también por toda una vida de fracasos, tuvieron al fin conciencia del naufragio nacional, de la isla inundada para siempre, del paraíso perdido que este Monte Carmelo iba a ser en los años inmediatos"».

Casa unifamiliar calle Pedrell

Viviendas unifamiliares. Este grupo de tres casas de aire modernista es el único conjunto homogéneo que se conserva en el barrio. Datan de 1910, aunque fueron remodeladas más adelante.
Hasta los años cincuenta, el Carmel fue el clásico barrio de las casetas y los huertos , pero la llegada en masa de la inmigración cambió completamente la fisonomía: las primeras edificaciones -torres de planta baja o de planta baja y un pistas se construyeron a partir de la avalancha migratoria de 1929. En 1875 se empezaron a edificar las primeras torres . Los terrenos pertenecían mayoritariamente a Alexandre Bacardí, promotor del barrio como lugar de recreo. Iba gente de toda Barcelona, ​​e incluso se promocionaron terrenos bien baratos entre sociedades obreras.
«Para la señora Serrat, el Monte Carmelo era algo así como el Congo. Un país remoto e infrahumano, con sus leyes propias, distintas. Otro mundo.»
Por una calle con mucho desnivel, el de la Conca de Tremp, subimos hasta la Carretera de El carmel. En una esquina nos encontraremos el bar Delicias.

4. Bar Delicias.
Bar Delicias en la actualidad
 
Bar Delicias. Imagen de archivo.

Situado en la carretera del Carmel, es uno de los escenarios del libro. En este bar, el Pijoaparte y otros chicos del barrio se reúnen a menudo para jugar a las cartas o al dominó . Es en este lugar donde más se evidencian las diferencias sociales entre Teresa y Manolo. Podríamos decir que  es  un espejo de los cambios sociales de la época y del ambiente de La Gauche Divine que tan bien conocía Juan Marsé. 



5. CARRETERA DE EL CARMEL
Desde la carretera se ven vistas de la ciudad, es la barrera, la frontera entre el mundo de barracas y miseria en el que vive Manolo y la Barcelona burguesa de la que anhela formar parte nuestro protagonista.

"Abajo, al fondo, la ciudad se estira hacia las inmensida­des cerúleas del Mediterráneo bajo brumas y rumores sordos de industrial fatiga, asoman las botellas grises de la Sagrada Familia, las torres del Hospital de San Pablo y, más lejos, las negras agujas de la Catedral, el casco antiguo: un coágulo de sombras. El puerto y el horizonte del mar cierran el borroso panorama, y las torres metálicas del transbordador, la silueta agresiva de Montjuich.»

BARRACAS DE RAMÓN CASELLAS. 

El barraquismo de Barcelona, fenómeno urbano acaecido a lo largo del siglo XX, creó una ciudad informal junto a la ciudad planificada de los núcleos antiguos, el Eixample, los polígonos y otras formas de crecimiento periférico. Esta ciudad informal se extendió por la montaña de Montjuïc y el frente marítimo, y ocupó tanto las colinas como algunos espacios intersticiales de la periferia del Eixample.
Su total erradicación durante los años anteriores a la Barcelona olímpica no ha dejado rastro de ellos en el territorio, pero su historia, que pervive en la memoria de muchos de los antiguos barraquistas, sigue estando llena de luces y sombras.

Placa conmemorativa del movimiento de vecinos. 
Centro Social del Carmelo y Asociación de Vecinos del Carmelo El núcleo barraquista de El Carmel fue el más organizado durante los realojos. Este hecho retrasó el proceso, ya que los vecinos querían que el reasentamiento se produjera en el mismo barrio. A finales de los sesenta, un grupo de vecinos y barraquistas crearon el Centro Social del Carmelo para denunciar y dar solución al deterioro del barrio y al olvido por parte de la Administración pública. En 1972, el Centro Social pasó a llamarse Asociación de Vecinos del Carmelo, y trabajó para mejorar las condiciones de vida en las barracas y conseguir el realojo en el barrio.

6. EL PARQUE GÜELL:
 
»Pero lo que más abunda son los turistas: éstos son los ricos que se ven, piensa él, los que a veces incluso pueden tocarse,aquellos acerca de los cuales podemos decir, cuando menos, que existen; los que aún permi­ten, no sin fastidio por su parte,que los arrebatados indígnas llegados en bandadas los fines de semana, en trenes y motos, envuelvan con miserables miradas de perros apaleados sus nobles cuerpos soleados y su envidiable suerte en la vida.»
8. EL COTOLENGO DEL PADRE ALEGRE.
Bajando por la carretera de El Carmel y  a un lado de El parque Güell.

En la curva del Cottolengo redujo gas, se deslizó suavemente hacia la izquierda ,
saliendo de la carretera , y frenó ante la entrada lateral del parque Güell.’
9. EL BAR TIBER.
Era partidaria de algún bar en el Monte Carmelo, lo cual extraño a Manolo.(…)
– Allí no tenemos nada que valga la pena –dijo él-. Pero conozco un sitio que está cerca, nos pilla de paso. Había recordado el Tíbet, al pie del Carmelo. Rincón sofisticado (falsa cabaña, troncos barnizados, techos de paja, luz embotellada) en la terraza de una vieja torre de los años treinta convertida en residencia y restaurante.’
10. PLAZA SANLLEY
"Hay apodos que ilustran no solamente una manera de vivir, sino también la naturaleza social del mundo en que uno vive. La noche del 23 de junio de 1956, verbena de San Juan, el llamado Pijoaparte surgió de las sombras de su barrio vestido con un flamante traje de verano color canela; bajó caminando por la carretera del Carmelo hasta la plaza Sanllehy..."
11. EL CLUB DE TENIS LA SALUD
Club deportivo fundado el 1902 por un grupo dedeportistas que pertenecían al  Club Social La Salut, creado el 1899.
«— Me gusta tu barrio. »— ¿Ves aquellas pistas de tenis, allá abajo, entre los árboles? —Manolo señalaba con el brazo—. Es el Club de Tenis La Salud. De niño trabajé en las pistas, recogía pelotas, como Santana... ¿A que nunca habías estado aquí?»

BARCELONA AÑOS 50:





BARCELONA 50-60:



EL CARMEL:



PASEO POR LA BARCELONA DE ÚLTIMAS TARDES CON TERESA
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