Maggie O’Farrell(1972) nació en Coleraine, Irlanda del
Norte. Ha publicado las novelas After
You’d Gone (2000), My Lover’s
Lover (2002), The Distance
Between Us (2004, ganadora del premio Somerset Maugham), La extraña desaparición de Esme Lennox (2007), La primera mano que sostuvo la mía (2010;
Libros del Asteroide, 2018; ganadora del premio Costa de novela), Instrucciones para una ola de calor (2013), Tiene que ser aquí (2016; Libros del
Asteroide, 2017), el bestseller internacional Hamnet (2020,
Libros del Asteroide, 2021; galardonada con el Women’s Prize for Fiction y el
National Book Critics Circle Award) y El
retrato de casada (2022; Libros del Asteroide, 2023), así como un
libro de memorias, Sigo aquí (2017;
Libros del Asteroide, 2019).
Maggie O'Farrell habla del origen de la novela y mucho más en esta conversación con la periodista Begoña Gómez Urzaiz en el festival literario Capítulo Uno que tuvo lugar en Matadero Madrid en marzo de 2023.
EL RETRATO DE CASADA
O'FARRELL, MAGGIE
«La escritora Maggie O’Farrell ha encontrado en la novela histórica la forma de hablar de temas actuales que afectan a la sociedad pero sobre todo a las mujeres. » Pepa Blanes (La Hora Extra - Cadena Ser)
La irlandesa Maggie
O’Farrell ( Coleraine, 1972) ha repetido con El
retrato de casada la exitosa fórmula de Hamnet, lleva a
la superficie lo que permanece invisible y escondido, toma una figura histórica poco conocida, Lucrezia de Medici, e imagina el mundo desde su perspectiva. Encuentra en un episodio anecdótico de la
Historia, la materia primera necesaria
para construir una novela.
La realidad es
esta: Lucrezia fue la tercera hija de Cosimo de Medici y
la española Leonor Álvarez de Toledo. A los 13 años es
entregada en matrimonio a Alfonso d’Este, duque de Ferrara. Quiso la vida que
Maria, hermana de Lucrezia y prometida de Alfonso, muriera antes del matrimonio
comprometido entre las dos familias. Por eso Lucrezia, una niña, fue desposada. Fue
la sustituta de su hermana.
Inmadura, permaneció dos años en el palacio familiar de
Florencia, bajo el poder de su padre. Mujer, su marido la reclamó y la sometió
a su voluntad. Al año, murió. Por
tuberculosis, se dijo. Siempre se especuló con un posible
envenenamiento.
Lucrezia de' Medici pintada por el taller de Agnolo Bronzino en
1560. El cuadro, que descansa en la galería Palatina, sirvió de
inspiración a Robert Browning para escribir el poema «Mi última
duquesa» tres siglos después.
Al hablar de cómo
pensó en el personaje de su nove la la escritora apunta que había leído un
poema muy popular en Inglaterra escrito por Robert
Browning y titulado “Mi última duquesa”.
El poema fue escrito en 1842, y es un monólogo
dramático en el que un Duque renacentista está terminando de
concertar con un emisario los detalles de su próximo matrimonio con la hija de
un Conde. En medio de la charla, ha descorrido la cortina que velaba un retrato
(la costumbre de velar los retratos era común en el Renacimiento, delicadeza
ajena a nuestras desaforadas publicidades sonrientes) y le cuenta al emisario
que la retratada fue su primera esposa. Alaba el retrato, habla después sobre
ella y da a entender de manera bastante clara que ordenó matarla por algunos
defectos, ciertamente menores. Al conocer el retrato la autora pensó que
Lucrecia sería la próxima protagonista de su novela.
La autora
explica que en los borradores la novela empezaba con la boda pero al iniciarse
de esta forma alcanza una mayor atmósfera de thriller, así que el libro no
comienza con la boda ni con las negociaciones entre los Médici y los Ferarra
para concertar el matrimonio. Elige el momento más dramático posible, aquel en
el que la pareja, ya casada, se traslada a una fortaleza alejada de la corte y
Lucrezia tiene la certeza de que su marido va a asesinarla.Inmediatamente después,
la trama da un salto atrás y nos lleva al momento de la gestación de la propia
Lucrezia para ir relatándonos su infancia. El resto alterna entre el pasado y
el presente, para presentarnos la infancia y adolescencia de Lucrezia y sus
últimos momentos junto su marido en la corte de Ferrara.
Sabemos desde el principio que nada va a salir bien, pero
O’Farrell es capaz de ir descubriendo las capas de los personajes una a una,
línea a línea; embaucar al lector para que piense que no, que no va a pasar lo
que cree que va a pasar.
Seguimos así el hilo del relato para conocer
que Lucrezia nació rebelde, una niña que no descansa, que es intratable. La
madre, que sigue la estricta disciplina española, la destierra a las cocinas,
entre doncellas y criados. A los 4 años no juega con muñecas ni participa en
los entretenimientos de sus cuatro hermanos, pasa el tiempo corriendo como una
salvaje. A los 15, sigue igual.
Hay un episodio que es definitorio de su carácter. Su padre, que tiene en el sótano un recinto para fieras, manda capturar una tigresa como regalo. Cuando un día el progenitor lleva a ella y a sus hermanos a verla, Lucrezia queda hipnotizada por el animal; hay una comunión entre la niña y la fiera. Siente la tristeza, la soledad que emana la tigresa, el impacto de ser arrancada de su hogar, el horror de estar prisionera; solo ella comprende la desesperación de una criatura cuyos deseos han sido ignorados por todos.
Se rumorea que es
incapaz de fecundar. Cuando, pese a los intentos, no consigue engendrar un
heredero sabe que será reemplazada. O’Farrell nos presenta a una Lucrezia
brillante, rebelde y artística, pero cuyo destino es someterse pues su único
significado es ser utilizada como un eslabón en las cadenas de poder de su
padre y ser pieza de unión con otra familia que engrandezca su poder.
Otro elemento que hace brillante esta novela
es esa recreación en segundo plano del Renacimiento. Sin estar en el
protagonismo de la trama, impregna la historia gracias a un cuidadoso modelado
de los escenarios y las imágenes predominantes de aquella época.
Hay cierto grado de deleite en los detalles,
sobre todo en torno a la decoración, las comidas y los paisajes, pero siempre
como escenario de fondo. La novela brilla con detalles históricos y una prosa
elegante, atractiva, que cautiva y engancha. Su mérito deviene también de cómo
O’Farrell logra un retrato convincente de un personaje histórico pero
desconocido.
Llega el día de partir. De ir al castello de Ferrara. De entrar en la ciudad como la duquesa que es, aclamada y observada por un pueblo ávido de
la felicidad de su duque.
La autora mantiene el pulso y la tensión gracias a una escritura en ocasiones
vertiginosa. Los excesos en las descripciones, en las dosis de
fantasía, o en las recreaciones; los excesos oníricos, en fin, pueden
desconcertar. Pero son hermosos. Necesarios. Adictivos. La escritora
norirlandesa vuelve -es fastuoso su virtuosismo- a la fórmula de muchos de sus
libros: historias que transcurren en
paralelo y se cruzan y hierven y explotan.
Párrafo
a párrafo Lucrezia se queda sola. Y sólo quiere quedarse sola. En su universo, casi un
cuento de hadas construido en su mente adolescente. Sabe lo que va a pasar. Siente el maltrato -el libro se
puede leer como un profundo análisis de la violencia machista- de Alfonso, su
menosprecio, su desesperación porque ella no se queda encinta. Por supuesto la
culpable es Lucrezia, su mujer. La mujer. Aunque él ha yacido con muchas y no
ha dejado embarazada a ninguna. La violencia de Alfonso, capaz de
ejecutar a sangre fría al amante de su hermana delante de ella para darle un
escarmiento; capaz de encerrar a la mujer por desobedecerlo; capaz de
presenciar una paliza a un mozo y reprender a su esposa por pedirle que cese el
castigo. Capaz de ¿matarla? Es, en fin, el retrato de una niña sometida, que
pasa del poder del padre al poder del marido, que se enamora, sí, se enamora,
de uno de los ayudantes del pintor que la va a retratar.
O’Farrell es muy hábil en la gestión del
tiempo. Tiene el don de llevarnos al pasado, a la infancia y la
adolescencia de Lucrezia para que nos conmovamos con su presente, y de volver
al tormento, al presente de la vida junto Alfonso.
"La idea de la raza es una ficción, pero el
racismo es una realidad."
Random House
BIOGRAFÍA DE BRIT BENNETT
Escritora estadounidense, Brit Bennett nació
en Oceanside, California, en 1990. Estudió Filología Inglesa en la Universidad
de Stanford, formándose también en la de Oxford y la de Michigan, donde obtuvo
el Máster en Bellas Artes.
El talento literario de Bennett ya
despuntaba en sus años universitarios y algunos de sus textos fueron premiados.
Debutó finalmente en 2016 con Las madres, que se convirtió en un
bestseller del New York Times.
Desde que Bennett iniciara su
trayectoria en la narrativa han visto la luz otras obras como La mitad
evanescente, elegida por el New York Times como una de las mejores novelas
del 2020 y cuya traducción al castellano llegó un año después.
En la conservadora comunidad de Oceandrive hay un grupo de mujeres que se reúnen en torno a la iglesia de Upper Room a contar los chismes del pueblo: tres jóvenes, Nadia, Luke y Aubrey se enredan en un triángulo amoroso.
Narrada a múltiples voces y con una fascinante prosa lírica, la historia es una mezcla de secretos, amistad, traición y muerte que marca el paso de la adolescencia a la adultez, con el sinsabor de una pregunta molesta: ¿y si hubiera tomado otra decisión?
Debut literario de la autora estadounidense Brit Bennet en el que toma como protagonistas a tres jóvenes de camino a la adultez.
La
mitad evanescente de Brit Bennett. Fue uno de los libros recomendados por Barack Obama en el
2020.Este título se
encuentra entre los mejores libros de 2020 en más de veinticinco medios, entre
ellos The New York Times, Time
Magazine, The Washington Post, National Public Radio, Glamour, People y Vanity Fair, y
del mismo se han vendido más de un millón de ejemplares vendidos en Estados
Unidos, estando 33 semanas en la lista #top10 del diario The New York Times
Portada del diario "Time"
Además, la novela fue nominada al National Book
Award 2020 y al Médicis Étranger y la cadena HBO estrenará próximamente
una mini serie basada en la novela.
Una
novela adictiva sobre la raza, la identidad y los muros que construimos frente
a la intolerancia.
RESUMEN:
Generación tras generación, la comunidad negra
del pueblo de Mallard, en Luisiana, ha intentado aclarar el tono de su piel
favoreciendo los matrimonios mixtos. Las inseparables gemelas Desirée y Stella
Vignes, con su color níveo, sus ojos castaños y su cabello ondulado, son un
buen ejemplo de ello. Tan distintas y tan iguales, decidieron huir juntas del
diminuto pueblo creyendo que también podrían escapar de su sangre. Años después
y ante la mirada atónita de todos, Desireé regresa acompañada de una niña negra
como el carbón. Hace tiempo que no sabe nada de Stella, después de que
decidiera desaparecer y renunciar definitivamente a sus orígenes para vivir
otra vida como mujer de raza blanca.
El
germen de ‘La mitad evanescente’ procede de una historia que le contó a la
escritora su madre, nacida en el Sur de EE.UU,
sobre ese lugar donde la gente estaba obsesionada con las pieles claras. Según
la autora: “Todo surgió de
una conversación que tuve un día con mi madre. Me dijo que, en Luisiana, donde
ella creció, existía un pueblo donde todos se casaban para tener hijos más
blancos. Investigué y descubrí que hubo no uno sino varios lugares así. Y casos
de personas negras que fingieron ser blancas para disfrutar de ciertas
ventajas. Me propuse explorar lo que era crecer en ese tipo de ambiente, las
consecuencias que eso tenía en tu identidad. Es un entorno realista, muy
histórico, no mitológico sino cultural. Se trata de un enclave imaginario muy
pequeño, una aldea que ni siquiera aparece en los mapas”.Aquel
lugar no existía, pero a la autora le ha servido para construir esta adictiva
novela, que reflexiona sobre la identidad, sobre quiénes somos y quienes
deseamos ser.
El
título idóneamente es una
metáfora que muestra de forma magistral esa mitad, evanescente (que se
desvanece o esfuma, según la definición de la RAE) de la población de un continente que el sueño
americano oscurece, despedaza, y ningunea de manera sistemática desde que
existe.
Desde
su inicio la novela nos atrapa apuntando una historia llena de secretos que la
historia irá hilvanando sin dejar de captar nuestra atención:
"La mañana en que una de las gemelas
perdidas regresó a Mallard, Lou LeBon corrió hasta la cafetería para
anunciarlo, e incluso ahora, pasados muchos años, todo el mundo recuerda la
alteración de Lou cuando, sudoroso, abrió de un empujón las puertas de cristal,
con el pecho agitado, el cuello de la camiseta oscurecido por su propio esfuerzo.
Los clientes, medio adormilados, prorrumpieron en un griterío alrededor de él;
eran unos diez, si bien posteriormente serían muchos más los que mentirían y
dirían que también ellos estuvieron allí, aunque solo fuera para simular que
por una vez habían presenciado algo de verdad emocionante. En aquella localidad
agrícola, nunca ocurría nada sorprendente, no desde la desaparición de las
gemelas Vignes. Pero esa mañana de abril de 1968 Lou, de camino al trabajo, vio
a Desiree Vignes recorrer a pie Partridge Road, cargada con una pequeña maleta
de cuero".
La novela sigue los
pasos de las dos hermanas que, llegado un punto, se separaran por decisión de
Stella. La historia de una familia a lo largo de tres generaciones y cinco
décadas retrata la evolución de la sociedad en cuando a derechos civiles,
diversidad e identidad racial y de género y nos hace reflexionar sobre cuestiones como: ¿Quiénes
somos de verdad?, ¿podemos reinventarnos al margen de lo que somos y de
nuestras circunstancias?, ¿podemos enterrar el pasado sin que una mano salga de
la tierra? Desiree aceptará siempre su raza sin complejos y se establecerá en
su pueblo, mientras Stella, en su papel de rica blanca, irá medrando (y afeando
a personas negras) en los círculos de privilegio de California.
La novela plantea una serie de cuestiones en torno a la
identidad: ¿qué supone que para vivir la
vida que has elegido tengas que rechazar parte de tu historia, que no puedas
hablar de tu familia o de las experiencias que has vivido, de las relaciones que
tuviste en tu pasado? ¿Qué supone vivir en esa tierra de nadie? Esto es lo que
le ocurre a Stella, es prácticamente una extraña en el mundo que ha elegido,
alguien que siente que no pertenece de verdad al lugar que ha escogido, pero
que tampoco pertenece al mundo que decidió dejar atrás. Estas dos hermanas
están en guerra con ellas mismas, con sus cuerpos, con sus familias y con su
comunidad, con su pasado e incluso con su futuro.
La autora afirma al ser entrevistada: “La raza es una construcción cultural
–afirma Bennett–. Son dos mujeres que experimentan una gran transformación cada
una, es una novela de tránsito, en que la gran Historia se introduce en la
cotidianidad. Los estadounidenses aman los relatos de gente reinventándose,
rompiendo con su familia y su comunidad para renacer como otra persona. Tiene
que ver con nuestra mitología nacional individualista”.
Bennett no da tregua al lector. Es incisiva,
ordenada y pragmática. No se deja vencer por el sentimentalismo y ofrece personajes de una profundidad inusual. Nos
ofrece al gran Early, a la esquiva e intransigente Stella, a la débil y
arraigada Desireé, a la luchadora y estigmatizada Jude, al resiliente y titánico
y dual Resse, a la caprichosa e insatisfecha Kennedy, y construye una historia para
que ellos habiten y señalen a través de su inteligencia, de sus miedos y de sus
mentiras el camino hacia un lugar que hasta ahora no es más que un páramo sobre
el que contar las tumbas que ha dejado la intransigencia y la mal señalada
primogenitura de la raza blanca.
La
elección de las gemelas, apunta la autora en diferentes entrevista, le permitía explorar el tema de la raza y de la identidad, si
puedes ser la misma persona pero ser vista de dos modos distintos. Dos mujeres
cuya apariencia era exactamente igual, pero se veían distintas a sí mismas. Las
gemelas le servían para explorar todas esas cuestiones de una forma muy
natural. También señala que hay algo psicológico, que cuestiona la misma idea
de identidad individual, pero a la vez mitológico, hay religiones basadas en
historias de gemelos, mitos fundacionales. Lo cierto es que las mismas
circunstancias, los mismos padres, el mismo material genético, producen
personas muy diferentes, eso es muy atractivo para un escritor. Y un gemelo
piensa siempre en el otro.
Los personajes de las gemelas son cruciales en la historia pero hay dos
personajes a los que trata con un cariño especial en la son Jude, la hija de Desiree, y Reese, su pareja.
Según declara la autora, en un principiola
novela iba a tratar solo sobre las gemelas, no iba a llegar hasta la siguiente
generación ni, desde luego, iba a tratar la vida de un hombre trans. En
principio, pero cuando empezó a escribir sobre Jude y comenzó a imaginar cómo
sería su vida fuera de Mallard, se convirtió en una parte del libro muy alegre
que disfrutó mucho al escribir. Así que comenzó a pensar en esa pareja, en los
retos que iban a encontrar en su vida y pensó que quizá serían quienes, al fin,
conseguirían la liberación.
Y al preguntarle por qué incluyó a un personaje trans en el libro y qué querías
conseguir con él contesta que “yo quería construir una historia de amor para Jude y Reese era un
personaje que había pensado para otro proyecto, pero que me pareció adecuado
para esta historia, así que me lo traje a ella. Él pasa por sus propias
situaciones dramáticas, pero de alguna manera también está conectado con otras
historias que suceden en el libro. La historia de Stella y la de Reese son muy
cercanas, de algún modo, ella quiere dejar de ser quien es al negar su raza, él
quiere ser quien de verdad es. Me parecía muy interesante contar cómo lo
gestionaba cada uno. Al final, Reese se ha convertido en uno de los personajes
favoritos de la novela. Los lectores siempre acaban preguntándome por él. Así
que me alegro de haberlo llevado al libro”
La novela no solo plantea el tema racial, en torno a este
giran otros que la escritora sabe incluir con suma perfección y relacionar con
el tema clave de la obra, el amor y la violencia.
En la novela aparecen dos historias de
amor poderosas, la de los jóvenes Jude y Reese y la de los maduros Desiree y
Early. Jude y Reese son el núcleo romántico del libro, según la autora “la mejor historia de amor que jamás
escribirá”. Ambos se apoyan y se respetan, comparten su dolor y sus
vergüenzas, lo suyo se basa en la confianza. Una historia de amor perfecta pero
a la vez muy poco convencional, nada tradicional.
La violencia es otro de los temas. Y no
solo la psicológica: palizas, linchamientos, torturas... La comunidad negra
sufre, en carne viva, el odio blanco. Pero Bennett no acerca mucho la cámara en
esas escenas brutales, la imagen de las gemelas viendo cómo linchan a su padre
escondidas tras la puerta del armario es más poderosa que la descripción del
acto violento en sí.
La novela no solo plantea el tema racial, en torno a este
giran otros que la escritora sabe incluir con suma perfección y relacionar con
el tema clave de la obra, el amor y la violencia.
En la novela aparecen dos historias de
amor poderosas, la de los jóvenes Jude y Reese y la de los maduros Desiree y
Early. Jude y Reese son el núcleo romántico del libro, según la autora “la mejor historia de amor que jamás
escribirá”. Ambos se apoyan y se respetan, comparten su dolor y sus
vergüenzas, lo suyo se basa en la confianza. Una historia de amor perfecta pero
a la vez muy poco convencional, nada tradicional.
La violencia es otro de los temas. Y no
solo la psicológica: palizas, linchamientos, torturas... La comunidad negra
sufre, en carne viva, el odio blanco. Pero Bennett no acerca mucho la cámara en
esas escenas brutales, la imagen de las gemelas viendo cómo linchan a su padre
escondidas tras la puerta del armario es más poderosa que la descripción del
acto violento en sí.
Brit Bennett narra La mitad
evanescente a través de una voz omnisciente. El libro se
divide en cinco partes las cuáles nos hacen ir
adelante y atrás para ir componiendo el puzzle de las vidas de Stella, Desiree
y toda la comunidad negra de las décadas de los 60, 70 y 80 realizará saltos temporales en la misma fragmentación, cosa
que estimulará una lectura ávida. La prosa, sumamente placentera y compuesta de
frases cortas y descriptivas, alentará también a seguir queriendo saber más.
Aquel
era un pueblo extraño.
Mallard,
que debía su nombre a los patos acollarados que vivían en los arrozales y las
marismas. Un pueblo que, como cualquier otro, era más una idea que un lugar. La
idea la concibió Alphonse Decuir en 1848, mientras estaba en los campos de caña
de azúcar que había heredado del padre que en su día fue su amo. Con el padre
ahora difunto, el hijo ahora liberto deseó construir en aquellas hectáreas de
tierra algo que perdurara por los siglos de los siglos. Un pueblo para hombres
como él, que nunca serían aceptados como blancos pero se negaban a ser tratados
como negros. Un tercer lugar. Su madre, que en paz descansara, aborrecía la piel clara de
su hijo; cuando él era niño, lo empujaba hacia el sol, rogándole que se
oscureciera. Tal vez fue eso lo que lo indujo a soñar par primera vez con el
pueblo. La claridad de la piel, como cualquier cosa heredada a un gran coste,
era un don solitario. Se había casado con una mulata de piel aún más clara que
la suya. Entonces estaba embarazada de su primer hijo, y él imaginó a los hijos
de los hijos de sus hijos de piel aún más clara, como una taza de café diluido
gradualmente con leche. Un negro más perfecto. Cada generación de piel más
clara que la anterior
Prosa sencilla pero cuidada
y certera, así:
“En mayo convirtió su
culpabilidad en una tarta de limón con glaseado de vainilla”.
Expone la brutalidad de
la segregación, pero siempre absorbida por un gesto de naturalidad
inesperado. Es ofrecer la segregación sin estruendos, sin calles incendiadas,
la segregación como un gas invisible que intoxica ya a demasiadas generaciones.
“Ya lo sabemos, cariño –dijo
Belinda–. No es una cuestión de tener razón. Puedes tener razón hasta el fin de
los tiempos. Pero esta es tu única hija y esta es su única vida”.
“No
existía nada más fascinante que la perspectiva de la destrucción total.
Solo
tienes que decir que sí –instó él–, y a Stella la palabra le supo a cereza,
dulce y ácida y fácil”.
“La
parte más difícil de convertirse en otra persona era decidirlo”.
El final del libro es abierto y un tanto abrupto,
es una historia con muchos personajes y muy compleja, según la escritora tenía pensado
acabar la novela con el reencuentro de las gemelas, pero ese desenlace no le
satisfizo emocionalmente, no tanto como acabar con Jude y Reese. Ellos representan
a la nueva generación y ella quería acabar en ese momento de alegría, de
aceptarse a ellos mismos. Aunque no es un final feliz a toda regla, sí que deja
con un sentimiento de esperanza en esa nueva generación que es mejor y que
puede que sea capaz de resolver sus problemas. No quería acabar con Stella,
sino con Jude, que regresa a ese lugar donde le hicieron daño, pero que capaz
de dar un paso adelante hacia su futuro.
La intención de Brit Bennett va mucho más allá de escribir
sobre el dolor de la comunidad negra, trata también de reflexionar sobre el
amor y sobre conflictos o debates de género/sexo. La mitad evanescente es un canto a aceptar al diferente, a no comulgar con
el discurso único, a reivindicar los derechos de todas las personas.
En la ciudad deNueva Yorkde losaños 1920, el mundo de unamujer negrasufre un vuelco cuando se reencuentra con una antigua amiga de la infancia que finge ser unamujer blanca.
El escritor Colson Whitehead, ganador de dos Premios Pulitzer - CHRIS CLOSE
MADRID, 2 Sep. (EUROPA PRESS) -
Biografía de Colson Whitehead
Escritor
americano nacido en Nueva York en 1969, Colson Whitehead creció
en Manhattan, graduándose en la Universidad de Harvard. Sus primeros pasos en
el mundo laboral los dio realizando reseñas sobre libros, música y televisión.
Whitehead es conocido por su primera novela, escrita
en 1999, La intuicionista, y por El coloso de Nueva
York, aunque en el mercado americano siempre ha destacado por su obra John
Henry Days.
Con Elferrocarril
subterráneo consiguió ganar el Pulitzer y
el National Book Award en el año 2017. En 2020 volvió a ganar un Pulitzer por su
obra Los chicos de la Nickel con lo que es el único escritor en el
mundo que ha encadenado de forma consecutiva dos Pulitzer seguidos y con lo que pasó a formar parte del selecto grupo de ganadores dobles entre los que se encuentran autores de renombre como Faulkner, Proulx, Updike y A. Walker. También es el
sexto escritor de la historia en ganar el Pulitzer y el National Book Award por
una misma novela. La carrera profesional de Colson Whitehead está plagada de
premios y nominaciones. Su debut literario, “The Intuitionist” (1999) no solo
se hizo con el galardón New Voices de The Quality Paperback Book Club, sino que
también fue finalista del premio PEN/Hemingway. Su segunda novela, “John Henry
Days” (2001), ganó un Young Lions Fiction y el premio Anisfield-Wolf Book,
además de ser finalista del National Book Critics Circle Award.
Barry Jenkins,
ganador de un Oscar realiza la adaptación de la novela "El ferrocarril subterráneo," para seguir la
desesperada búsqueda de la libertad de Cora en el Sur prebélico. Consta de una temporada de diez capítulos y se puede ver en la plataforma Prime video
Booktrailer Los chicos de la Nickel. Colson Whitehead
"Los chicos podrían haber sido muchas cosas si
la Nickel no los hubiera echado a perder. Médicos que curan enfermedades, o
neurocirujanos, o de los que inventan algo que salva vidas. Candidatos a
presidente. Tantos genios echados a perder"
"No
soy negro, soy hombre."
Estudiantes de la Escuela para Varones de
Marianna, en 1957. Foto: Archivos del Estado de Florida.
La antropóloga Erin Kimmerle
en el cementerio del centro, en una imagen de archivo.
La realidad social siempre ha atraído al narrador neoyorquino,
quien reconstruye la historia de
un reformatorio -laArthur G. Dozier School for Boys, en Panhandle de Marianna- del estado de
Florida en el que durante décadas se abusó sexualmente, torturó y mató a balazos
a decenas de muchachos -en su mayoría, negros-. Se trata de un relato de horror
que había permanecido escondido a la opinión pública hasta que en el 2014 una
excavación arqueológica se topó con el macabro hallazgo de los restos de más de
cincuenta cadáveres de jóvenes que habían sido encerrados en aquella
institución tras haber sido detenidos por cometer delitos menores.Como explica el autor en una entrevista
ofrecida a Europa press: "Cuando
me topé con la historia de este reformatorio era 2014 y había protestas en
Missouri y ahora está lo de Jacob Blake y George Floyd y nunca en esos casos
nadie ha rendido cuentas: todo el mundo se ha ido de rositas. Se podría decir
que este libro nace de la impotencia de que nadie rinda cuentas y todo el mundo
se libre".Y es indudable que Whitehead es bueno buscando historias reales a
partir de las cuales escribir un libro de ficción para reivindicar derechos o
denunciar actitudes. Lo vimos ya en su anterior libroEl ferrocarril subterráneoy lo
vemos también en esta novela.
Detalle
de restos humanos en una carreta, tras una exhumación en el cementerio del
colegio masculino Arthur G. Dozier en Marianna (Florida, EE.UU.). Alrededor de
30 cruces de metal marcan el cementerio, pero el estudio de terreno indica que
existen 19 posibles tumbas que no están marcadas. La escuela fue cerrada en
2011 tras varios años de alegatos sobre torturas, abuso sexual, golpes y
asesinatos que sucedieron en las décadas de 1940, 1950 y 1960. EFE/ARCHIVO
“Los chicos de la Nickel” tiene como protagonista a Elwood Curtis, un joven de raza negra
obsesionado con los discursos de Martin Luther King acerca de la lucha de la
igualdad y la libertad y sueña con hacer de este mundo un lugar más justo. Es
un chico inteligente con un futuro prometedor como estudiante que, tras ser
abandonado por sus padres y criado por su estricta abuela, ve en los estudios
universitarios su única salida hacía un futuro esperanzador.
La novela,
corta en extensión -poco más de 200 páginas-, está dividida en tres partes más
un Prólogo y un Epílogo. Prólogo y Epílogo se sitúan en el momento actual y
sirven de marco a la historia que a continuación se cuenta.
En la primera parte el autor nos traslada
a los Estados Unidos de los años sesenta
y conocemos la infancia y adolescencia del personaje
central Elwood Curtis. Esta parte finaliza cuando
ilusionadamente Elwood, siempre buen estudiante y con un afán
tremendo por aprender pese a las dificultades que un negro tiene solo por el
hecho de serlo, con 16 años hace autostop para ir hasta la Universidad donde ha
sido admitido para realizar un curso preuniversitario sobre literatura inglesa.
En la Segunda Parte ya vemos a El en
la Academia Nickel. Aprender los códigos que allí dentro funcionan le
ocasionará tener que pasar por la Casa
Blanca, viejo almacén donde los supervisores encabezados
por Spencer azotaban a los chicos negros o blancos para
hacerles entender todos los puntos no escritos del manual de conducta de la
institución. En la Nickel, Elwood que vive en la residencia
Cleveland se hará amigo de Turner, de Desmond, de Jaimie y
con ellos aprenderá a sobrevivir allí dentro.
La tercera parte es quizás la más variada pues comienza con
el personaje en el Nueva York de hoy. Es un próspero empresario de mudanzas que
posee una flota de camiones capitoné y un nutrido grupo de empleados. Ha
triunfado. Esta es la primera sorpresa que Colson Whitehead nos
da. Una sorpresa que en los capítulos que forman esta sección de la novela nos
irá desvelando. En una especie de alternado hoy – ayer, o vueltas atrás (flash
backs) esclarecedoras de lo sucedido hasta aquí, nos enteramos de lo que
aconteció a esta pareja de compañeros (Turner y Elwood)
para que ahora pasado el tiempo el que atiende por el nombre de Elwood sea
empresario de una empresa de mudanzas con varios empleados en plantilla y una
importante flota de camiones.
Un encuentro
casual en Nueva York con un compañero de la escuela reformatorio sirve de
disculpa para recordar penosos sucesos allí vividos; luego el descubrimiento
que en el Prólogo leímos de restos humanos en los terrenos que
ocupara la Nickel hace al Elwood empresario que vive
satisfactoriamente con su mujer Mollie plantearse que ya es
llegado el momento de participar activamente con su testimonio en desvelar la
verdadera cara de este establecimiento y de pedir responsabilidades de lo
sucedido aunque hayan pasado 42 años desde que él saliese de allí. Son varias
las sorpresas que nos llevamos en esta tercera parte si bien la mayor es la que
leemos en el Epílogo que cierra el relato.
A este respecto mientras que las partes
en pasado son más descriptivas de lo que sucede en la escuela, los capítulos
del presente son más introspectivos y permiten entrever las secuelas que el
paso por la Nickel dejó en el cuerpo y en el alma a quienes estuvieron ahí. Las
marcas físicas se curan con el tiempo, pero la sensación de indefensión y de
inferioridad, el sentimiento de ser una presa en un mundo amplio y salvaje no
desaparecen nunca.
Whitehead tiene una escritura nada afectada. Usa
el mismo tono para contar una escena de lo más cotidiana como las terribles
palizas que reciben los jóvenes de la Nickel. Desde el punto de vista de un
joven negro en los años sesenta, todo es rutina. No esconde la cruel violencia
de la Nickel, pero tampoco hace demasiado hincapié en ella, muchos eventos
quedan solo apuntados, dejados a la imaginación del espectador que debe decidir
lo que realmente ha sucedido. El estilo de Whitehead es sin duda sutil. Utiliza
metáforas muy poco obvias pero muy efectivas y no se detiene demasiado en los
pensamientos de cada uno, con unos pocos apuntes es capaz de dar una impresión
certera de las emociones de un personaje, dejando siempre espacio al lector
para que construya la escena junto a él. Es cierto que en ocasiones el tono es
demasiado periodístico, importando más lo que sucede que los personajes en sí,
especialmente en los capítulos de la Nickel. Y es cierto que tiene un interés
real y declarado en contar lo ocurrido allí y en general de dirigir la mirada
del lector al conflicto racial en el país, pero en conjunto sabe encontrar un
buen equilibrio entre ambas facetas, la periodística y la narrativa y dar forma
a una novela sobresaliente.
Los chicos de la Nickel es una novela oscura no
especialmente optimista respecto al alma humana. La maldad son las personas,
dice. Puedes cambiar las leyes pero no puedes cambiar a las personas. Pero al
mismo tiempo cuenta la historia de Elwood y de su amigo Turner, y de cómo
sobreviven a la vida más dura imaginable de cómo un corazón bueno y un alma
justa son capaces de enfrentarse a un mundo y sobrevivir e incluso ganar unas
cuantas victorias por el camino. La figura de Martin Luther King sobrevuela
toda la novela y la lucha por la justicia, no como una ley universal para todos
los hombres sino como algo que uno cree firmemente que es lo correcto es el motor de la novela.
Los chicos de la Nickel es una novela de
perdedores, de maratonianos del final de la carrera, de “los que cruzan la
línea de meta por las buenas o por las malas, sus pies convertidos en una pulpa
sanguinolenta dentro de las Nike”. Es una novela oscura, sí, pero también tiene
un optimismo resistente. Resistente contra la injusticia, contra el dolor y las
ofensas, contra las peores cartas que te puede dar la vida. Colson Whitehead da una clase de historia,
relatando uno de tantos periodos negros de nuestro pasado y sucesos que
ocurrieron no hace tanto tiempo, pero sobre todo ofrece un estudio del alma
humana y muestra hasta dónde puede llegar un hombre con voluntad.
«Tenemos que creer con toda nuestra alma
que somos alguien, que somos importantes, que valemos, y tenemos que caminar a
diario por las calles de la vida con este sentido de dignidad y este sentido de
ser alguien.»
«Metednos en la cárcel y nosotros os
seguiremos amando. Arrojad bombas contra nuestras casas y amenazad a nuestros
hijos, y nosotros, por muy difícil que sea, os seguiremos amando. Enviad a
vuestros criminales encapuchados para que entren en nuestras comunidades al
amparo de la noche y se nos lleven a rastras a un camino apartado y nos
abandonen allí tras darnos una paliza de muerte, y nosotros os seguiremos
amando. Pero tened por seguro que nuestra capacidad de sufrimiento acabará por
agotaros, y que un día ganaremos nuestra libertad.»
Colson Whitehead y las claves de ´Los Colson Whitehead y las claves de ´Los chicos de la Nickel', su nueva novela, Premio Pulitzer 2020