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jueves, 14 de septiembre de 2023

EL RETRATO DE CASADA de MAGGIE O'FARRELL

 

Maggie O’Farrell (1972) nació en Coleraine, Irlanda del Norte. Ha publicado las novelas After You’d Gone (2000), My Lover’s Lover (2002), The Distance Between Us (2004, ganadora del premio Somerset Maugham), La extraña desaparición de Esme Lennox (2007), La primera mano que sostuvo la mía (2010; Libros del Asteroide, 2018; ganadora del premio Costa de novela), Instrucciones para una ola de calor (2013), Tiene que ser aquí (2016; Libros del Asteroide, 2017), el bestseller internacional Hamnet (2020, Libros del Asteroide, 2021; galardonada con el Women’s Prize for Fiction y el National Book Critics Circle Award) y El retrato de casada (2022; Libros del Asteroide, 2023), así como un libro de memorias, Sigo aquí (2017; Libros del Asteroide, 2019).

Maggie O'Farrell habla del origen de la novela y mucho más en esta conversación con la periodista Begoña Gómez Urzaiz en el festival literario Capítulo Uno que tuvo lugar en Matadero Madrid en marzo de 2023.


EL RETRATO DE CASADA

O'FARRELL, MAGGIE

  • «La escritora Maggie O’Farrell ha encontrado en la novela histórica la forma de hablar de temas actuales que afectan a la sociedad pero sobre todo a las mujeres. » Pepa Blanes (La Hora Extra - Cadena Ser)

LIBROS DEL ASTEROIDE
Año de edición:
2023
Materia
Moderna y contemporanea
ISBN:
978-84-19089-41-0
Páginas:
400
Encuadernación:
Rústica

La irlandesa Maggie O’Farrell ( Coleraine, 1972) ha repetido con El retrato de casada la exitosa fórmula de Hamnet,  lleva a la superficie lo que permanece invisible y escondido, toma una figura histórica poco conocida, Lucrezia de Medici, e imagina el mundo desde su perspectiva. Encuentra en un episodio anecdótico de la Historia,  la materia primera necesaria para construir una novela.

La realidad es esta: Lucrezia fue la tercera hija de Cosimo de Medici y la española Leonor Álvarez de Toledo. A los 13 años es entregada en matrimonio a Alfonso d’Este, duque de Ferrara. Quiso la vida que Maria, hermana de Lucrezia y prometida de Alfonso, muriera antes del matrimonio comprometido entre las dos familias. Por eso Lucrezia, una niña, fue desposada. Fue la sustituta de su hermana.

Inmadura, permaneció dos años en el palacio familiar de Florencia, bajo el poder de su padre. Mujer, su marido la reclamó y la sometió a su voluntad. Al año, murió. Por tuberculosis, se dijo. Siempre se especuló con un posible envenenamiento.




Lucrezia de' Medici pintada por el taller de Agnolo Bronzino en 1560. El cuadro, que descansa en la galería Palatina, sirvió de inspiración a Robert Browning para escribir el poema «Mi última duquesa» tres siglos después.



Al hablar de cómo pensó en el personaje de su nove la la escritora apunta que había leído un poema muy popular en Inglaterra escrito por Robert Browning y titulado  “Mi última duquesa”. El poema fue escrito en 1842, y es un monólogo dramático en el que un Duque renacentista está terminando de concertar con un emisario los detalles de su próximo matrimonio con la hija de un Conde. En medio de la charla, ha descorrido la cortina que velaba un retrato (la costumbre de velar los retratos era común en el Renacimiento, delicadeza ajena a nuestras desaforadas publicidades sonrientes) y le cuenta al emisario que la retratada fue su primera esposa. Alaba el retrato, habla después sobre ella y da a entender de manera bastante clara que ordenó matarla por algunos defectos, ciertamente menores. Al conocer el retrato la autora pensó que Lucrecia sería la próxima protagonista de su novela.

La autora explica que en los borradores la novela empezaba con la boda pero al iniciarse de esta forma alcanza una mayor atmósfera de thriller, así que el libro no comienza con la boda ni con las negociaciones entre los Médici y los Ferarra para concertar el matrimonio. Elige el momento más dramático posible, aquel en el que la pareja, ya casada, se traslada a una fortaleza alejada de la corte y Lucrezia tiene la certeza de que su marido va a asesinarla. Inmediatamente después, la trama da un salto atrás y nos lleva al momento de la gestación de la propia Lucrezia para ir relatándonos su infancia. El resto alterna entre el pasado y el presente, para presentarnos la infancia y adolescencia de Lucrezia y sus últimos momentos junto su marido en la corte de Ferrara.

Sabemos desde el principio que nada va a salir bien, pero O’Farrell es capaz de ir descubriendo las capas de los personajes una a una, línea a línea; embaucar al lector para que piense que no, que no va a pasar lo que cree que va a pasar.

Seguimos así el hilo del relato para conocer que Lucrezia nació rebelde, una niña que no descansa, que es intratable. La madre, que sigue la estricta disciplina española, la destierra a las cocinas, entre doncellas y criados. A los 4 años no juega con muñecas ni participa en los entretenimientos de sus cuatro hermanos, pasa el tiempo corriendo como una salvaje. A los 15, sigue igual.  

Hay un episodio que es definitorio de su carácter. Su padre, que tiene en el sótano un recinto para fieras, manda capturar una tigresa como regalo. Cuando un día el progenitor lleva a ella y a sus hermanos a verla, Lucrezia queda hipnotizada por el animal; hay una comunión entre la niña y la fiera. Siente la tristeza, la soledad que emana la tigresa, el impacto de ser arrancada de su hogar, el horror de estar prisionera; solo ella comprende la desesperación de una criatura cuyos deseos han sido ignorados por todos.

Se rumorea que es incapaz de fecundar. Cuando, pese a los intentos, no consigue engendrar un heredero sabe que será reemplazada. O’Farrell nos presenta a una Lucrezia brillante, rebelde y artística, pero cuyo destino es someterse pues su único significado es ser utilizada como un eslabón en las cadenas de poder de su padre y ser pieza de unión con otra familia que engrandezca su poder.

Otro elemento que hace brillante esta novela es esa recreación en segundo plano del Renacimiento. Sin estar en el protagonismo de la trama, impregna la historia gracias a un cuidadoso modelado de los escenarios y las imágenes predominantes de aquella época. 

Hay cierto grado de deleite en los detalles, sobre todo en torno a la decoración, las comidas y los paisajes, pero siempre como escenario de fondo. La novela brilla con detalles históricos y una prosa elegante, atractiva, que cautiva y engancha. Su mérito deviene también de cómo O’Farrell logra un retrato convincente de un personaje histórico pero desconocido.

Llega el día de partir. De ir al castello de Ferrara. De entrar en la ciudad como la duquesa que es, aclamada y observada por un pueblo ávido de la felicidad de su duque.

La autora mantiene el pulso y la tensión gracias a una escritura en ocasiones vertiginosa. Los excesos en las descripciones, en las dosis de fantasía, o en las recreaciones; los excesos oníricos, en fin, pueden desconcertar. Pero son hermosos. Necesarios. Adictivos. La escritora norirlandesa vuelve -es fastuoso su virtuosismo- a la fórmula de muchos de sus libros: historias que transcurren en paralelo y se cruzan y hierven y explotan.

Párrafo a párrafo Lucrezia se queda sola. Y sólo quiere quedarse sola. En su universo, casi un cuento de hadas construido en su mente adolescente. Sabe lo que va a pasar. Siente el maltrato -el libro se puede leer como un profundo análisis de la violencia machista- de Alfonso, su menosprecio, su desesperación porque ella no se queda encinta. Por supuesto la culpable es Lucrezia, su mujer. La mujer. Aunque él ha yacido con muchas y no ha dejado embarazada a ninguna. La violencia de Alfonso, capaz de ejecutar a sangre fría al amante de su hermana delante de ella para darle un escarmiento; capaz de encerrar a la mujer por desobedecerlo; capaz de presenciar una paliza a un mozo y reprender a su esposa por pedirle que cese el castigo. Capaz de ¿matarla? Es, en fin, el retrato de una niña sometida, que pasa del poder del padre al poder del marido, que se enamora, sí, se enamora, de uno de los ayudantes del pintor que la va a retratar.

O’Farrell es muy hábil en la gestión del tiempo. Tiene el don de llevarnos al pasado, a la infancia y la adolescencia de Lucrezia para que nos conmovamos con su presente, y de volver al tormento, al presente de la vida junto Alfonso. 

miércoles, 5 de octubre de 2022

LA MITAD EVANESCENTE de BRIT BENNET

"La idea de la raza es una ficción, pero el racismo es una realidad."

Random House

BIOGRAFÍA DE BRIT BENNETT

Escritora estadounidense, Brit Bennett nació en Oceanside, California, en 1990. Estudió Filología Inglesa en la Universidad de Stanford, formándose también en la de Oxford y la de Michigan, donde obtuvo el Máster en Bellas Artes.

El talento literario de Bennett ya despuntaba en sus años universitarios y algunos de sus textos fueron premiados. Debutó finalmente en 2016 con Las madres, que se convirtió en un bestseller del New York Times.

Desde que Bennett iniciara su trayectoria en la narrativa han visto la luz otras obras como La mitad evanescente, elegida por el New York Times como una de las mejores novelas del 2020 y cuya traducción al castellano llegó un año después.

OTROS LIBROS DE LA AUTORA:

Título original: The Mothers

Editorial: Océano Hotel de las Letras

Año publicación:2017

Traducción por:Fernanda Melchor

Temas: Narrativa

En la conservadora comunidad de Oceandrive hay un grupo de mujeres que se reúnen en torno a la iglesia de Upper Room a contar los chismes del pueblo: tres jóvenes, Nadia, Luke y Aubrey se enredan en un triángulo amoroso.

Narrada a múltiples voces y con una fascinante prosa lírica, la historia es una mezcla de secretos, amistad, traición y muerte que marca el paso de la adolescencia a la adultez, con el sinsabor de una pregunta molesta: ¿y si hubiera tomado otra decisión?

Debut literario de la autora estadounidense Brit Bennet en el que toma como protagonistas a tres jóvenes de camino a la adultez.

LA MITAD EVANESCENTE


Editorial:  LITERATURA RANDOM HOUSE

Fecha Publicación: 25/03/2021

Formato: Normal tapa blanda (libros)

ISBN: 978-84-397-386 4-0

EAN: 9788439738640

Nº páginas: 352

Colección: LITERATURA




📕LEER FRAGMENTO


La mitad evanescente de Brit Bennett. Fue uno de los libros recomendados por Barack Obama en el 2020.Este título se encuentra entre los mejores libros de 2020 en más de veinticinco medios, entre ellos The New York Times, Time Magazine, The Washington Post, National Public Radio, Glamour, People y Vanity Fair, y del mismo se han vendido más de un millón de ejemplares vendidos en Estados Unidos, estando 33 semanas en la lista #top10 del diario The New York Times

Portada del diario "Time"


Además, la novela fue nominada al National Book Award 2020 y al Médicis Étranger y la  cadena HBO estrenará próximamente una mini serie basada en la novela.

Una novela adictiva sobre la raza, la identidad y los muros que construimos frente a la intolerancia.

RESUMEN:

Generación tras generación, la comunidad negra del pueblo de Mallard, en Luisiana, ha intentado aclarar el tono de su piel favoreciendo los matrimonios mixtos. Las inseparables gemelas Desirée y Stella Vignes, con su color níveo, sus ojos castaños y su cabello ondulado, son un buen ejemplo de ello. Tan distintas y tan iguales, decidieron huir juntas del diminuto pueblo creyendo que también podrían escapar de su sangre. Años después y ante la mirada atónita de todos, Desireé regresa acompañada de una niña negra como el carbón. Hace tiempo que no sabe nada de Stella, después de que decidiera desaparecer y renunciar definitivamente a sus orígenes para vivir otra vida como mujer de raza blanca.

El germen de ‘La mitad evanescente’ procede de una historia que le contó a la escritora su madre, nacida en el Sur de EE.UU, sobre ese lugar donde la gente estaba obsesionada con las pieles claras. Según la autora: “Todo surgió de una conversación que tuve un día con mi madre. Me dijo que, en Luisiana, donde ella creció, existía un pueblo donde todos se casaban para tener hijos más blancos. Investigué y descubrí que hubo no uno sino varios lugares así. Y casos de personas negras que fingieron ser blancas para disfrutar de ciertas ventajas. Me propuse explorar lo que era crecer en ese tipo de ambiente, las consecuencias que eso tenía en tu identidad. Es un entorno realista, muy histórico, no mitológico sino cultural. Se trata de un enclave imaginario muy pequeño, una aldea que ni siquiera aparece en los mapas”. Aquel lugar no existía, pero a la autora le ha servido para construir esta adictiva novela, que reflexiona sobre la identidad, sobre quiénes somos y quienes deseamos ser.


El título idóneamente
es una metáfora que muestra de forma magistral esa mitad, evanescente (que se desvanece o esfuma, según la definición de la RAE)  de la población de un continente que el sueño americano oscurece, despedaza, y ningunea de manera sistemática desde que existe.

Desde su inicio la novela nos atrapa apuntando una historia llena de secretos que la historia irá hilvanando sin dejar de captar nuestra atención:

"La mañana en que una de las gemelas perdidas regresó a Mallard, Lou LeBon corrió hasta la cafetería para anunciarlo, e incluso ahora, pasados muchos años, todo el mundo recuerda la alteración de Lou cuando, sudoroso, abrió de un empujón las puertas de cristal, con el pecho agitado, el cuello de la camiseta oscurecido por su propio esfuerzo. Los clientes, medio adormilados, prorrumpieron en un griterío alrededor de él; eran unos diez, si bien posteriormente serían muchos más los que mentirían y dirían que también ellos estuvieron allí, aunque solo fuera para simular que por una vez habían presenciado algo de verdad emocionante. En aquella localidad agrícola, nunca ocurría nada sorprendente, no desde la desaparición de las gemelas Vignes. Pero esa mañana de abril de 1968 Lou, de camino al trabajo, vio a Desiree Vignes recorrer a pie Partridge Road, cargada con una pequeña maleta de cuero".

La novela  sigue los pasos de las dos hermanas que, llegado un punto, se separaran por decisión de Stella. La historia de una familia a lo largo de tres generaciones y cinco décadas retrata la evolución de la sociedad en cuando a derechos civiles, diversidad e identidad racial y de género y nos  hace reflexionar sobre cuestiones como: ¿Quiénes somos de verdad?, ¿podemos reinventarnos al margen de lo que somos y de nuestras circunstancias?, ¿podemos enterrar el pasado sin que una mano salga de la tierra? Desiree aceptará siempre su raza sin complejos y se establecerá en su pueblo, mientras Stella, en su papel de rica blanca, irá medrando (y afeando a personas negras) en los círculos de privilegio de California. 

La novela plantea una serie de cuestiones en torno a la identidad: ¿qué supone que para vivir la vida que has elegido tengas que rechazar parte de tu historia, que no puedas hablar de tu familia o de las experiencias que has vivido, de las relaciones que tuviste en tu pasado? ¿Qué supone vivir en esa tierra de nadie? Esto es lo que le ocurre a Stella, es prácticamente una extraña en el mundo que ha elegido, alguien que siente que no pertenece de verdad al lugar que ha escogido, pero que tampoco pertenece al mundo que decidió dejar atrás. Estas dos hermanas están en guerra con ellas mismas, con sus cuerpos, con sus familias y con su comunidad, con su pasado e incluso con su futuro. 

La autora afirma al ser entrevistada: “La raza es una construcción cultural –afirma Bennett–. Son dos mujeres que experimentan una gran transformación cada una, es una novela de tránsito, en que la gran Historia se introduce en la cotidianidad. Los estadounidenses aman los relatos de gente reinventándose, rompiendo con su familia y su comunidad para renacer como otra persona. Tiene que ver con nuestra mitología nacional individualista”.

Bennett no da tregua al lector. Es incisiva, ordenada y pragmática. No se deja vencer por el sentimentalismo y ofrece personajes de una profundidad inusual. Nos ofrece al gran Early, a la esquiva e intransigente Stella, a la débil y arraigada Desireé, a la luchadora y estigmatizada Jude, al resiliente y titánico y dual Resse, a la caprichosa e insatisfecha Kennedy, y construye una historia para que ellos habiten y señalen a través de su inteligencia, de sus miedos y de sus mentiras el camino hacia un lugar que hasta ahora no es más que un páramo sobre el que contar las tumbas que ha dejado la intransigencia y la mal señalada primogenitura de la raza blanca.

La elección de las gemelas, apunta la autora en diferentes entrevista, le permitía explorar el tema de la raza y de la identidad, si puedes ser la misma persona pero ser vista de dos modos distintos. Dos mujeres cuya apariencia era exactamente igual, pero se veían distintas a sí mismas. Las gemelas le servían para explorar todas esas cuestiones de una forma muy natural.  También señala que hay algo psicológico, que cuestiona la misma idea de identidad individual, pero a la vez mitológico, hay religiones basadas en historias de gemelos, mitos fundacionales. Lo cierto es que las mismas circunstancias, los mismos padres, el mismo material genético, producen personas muy diferentes, eso es muy atractivo para un escritor. Y un gemelo piensa siempre en el otro.

Los personajes de las gemelas son cruciales en la historia pero hay dos personajes a los que trata con un cariño especial en la son  Jude, la hija de Desiree, y Reese, su pareja. Según declara la autora, en un principio la novela iba a tratar solo sobre las gemelas, no iba a llegar hasta la siguiente generación ni, desde luego, iba a tratar la vida de un hombre trans. En principio, pero cuando empezó a escribir sobre Jude y comenzó a imaginar cómo sería su vida fuera de Mallard, se convirtió en una parte del libro muy alegre que disfrutó mucho al escribir. Así que comenzó a pensar en esa pareja, en los retos que iban a encontrar en su vida y pensó que quizá serían quienes, al fin, conseguirían la liberación.

Y al preguntarle por qué incluyó  a un personaje trans en el libro y qué querías conseguir con él contesta que “yo quería construir una historia de amor para Jude y Reese era un personaje que había pensado para otro proyecto, pero que me pareció adecuado para esta historia, así que me lo traje a ella. Él pasa por sus propias situaciones dramáticas, pero de alguna manera también está conectado con otras historias que suceden en el libro. La historia de Stella y la de Reese son muy cercanas, de algún modo, ella quiere dejar de ser quien es al negar su raza, él quiere ser quien de verdad es. Me parecía muy interesante contar cómo lo gestionaba cada uno. Al final, Reese se ha convertido en uno de los personajes favoritos de la novela. Los lectores siempre acaban preguntándome por él. Así que me alegro de haberlo llevado al libro”

La novela no solo plantea el tema racial, en torno a este giran otros que la escritora sabe incluir con suma perfección y relacionar con el tema clave de la obra, el amor y la violencia.

En la novela aparecen dos historias de amor poderosas, la de los jóvenes Jude y Reese y la de los maduros Desiree y Early. Jude y Reese son el núcleo romántico del libro, según la autora “la mejor historia de amor que jamás escribirá”. Ambos se apoyan y se respetan, comparten su dolor y sus vergüenzas, lo suyo se basa en la confianza. Una historia de amor perfecta pero a la vez muy poco convencional, nada tradicional.

La violencia es otro de los temas. Y no solo la psicológica: palizas, linchamientos, torturas... La comunidad negra sufre, en carne viva, el odio blanco. Pero Bennett no acerca mucho la cámara en esas escenas brutales, la imagen de las gemelas viendo cómo linchan a su padre escondidas tras la puerta del armario es más poderosa que la descripción del acto violento en sí.

La novela no solo plantea el tema racial, en torno a este giran otros que la escritora sabe incluir con suma perfección y relacionar con el tema clave de la obra, el amor y la violencia.

En la novela aparecen dos historias de amor poderosas, la de los jóvenes Jude y Reese y la de los maduros Desiree y Early. Jude y Reese son el núcleo romántico del libro, según la autora “la mejor historia de amor que jamás escribirá”. Ambos se apoyan y se respetan, comparten su dolor y sus vergüenzas, lo suyo se basa en la confianza. Una historia de amor perfecta pero a la vez muy poco convencional, nada tradicional.

La violencia es otro de los temas. Y no solo la psicológica: palizas, linchamientos, torturas... La comunidad negra sufre, en carne viva, el odio blanco. Pero Bennett no acerca mucho la cámara en esas escenas brutales, la imagen de las gemelas viendo cómo linchan a su padre escondidas tras la puerta del armario es más poderosa que la descripción del acto violento en sí.

 

Brit Bennett narra La mitad evanescente a través de una voz omnisciente. El libro se divide en cinco partes las cuáles nos hacen ir adelante y atrás para ir componiendo el puzzle de las vidas de Stella, Desiree y toda la comunidad negra de las décadas de los 60, 70 y 80 realizará saltos temporales en la misma fragmentación, cosa que estimulará una lectura ávida. La prosa, sumamente placentera y compuesta de frases cortas y descriptivas, alentará también a seguir queriendo saber más. 

Aquel era un pueblo extraño.

Mallard, que debía su nombre a los patos acollarados que vivían en los arrozales y las marismas. Un pueblo que, como cualquier otro, era más una idea que un lugar. La idea la concibió Alphonse Decuir en 1848, mientras estaba en los campos de caña de azúcar que había heredado del padre que en su día fue su amo. Con el padre ahora difunto, el hijo ahora liberto deseó construir en aquellas hectáreas de tierra algo que perdurara por los siglos de los siglos. Un pueblo para hombres como él, que nunca serían aceptados como blancos pero se negaban a ser tratados como negros. Un tercer lugar. Su madre, que en paz descansara, aborrecía la piel clara de su  hijo; cuando él era niño, lo empujaba hacia el sol, rogándole que se oscureciera. Tal vez fue eso lo que lo indujo a soñar par primera vez con el pueblo. La claridad de la piel, como cualquier cosa heredada a un gran coste, era un don solitario. Se había casado con una mulata de piel aún más clara que la suya. Entonces estaba embarazada de su primer hijo, y él imaginó a los hijos de los hijos de sus hijos de piel aún más clara, como una taza de café diluido gradualmente con leche. Un negro más perfecto. Cada generación de piel más clara que la anterior

 

Prosa sencilla pero cuidada y certera, así:

 “En mayo convirtió su culpabilidad en una tarta de limón con glaseado de vainilla”.

Expone la brutalidad de la segregación, pero  siempre absorbida por un gesto de naturalidad inesperado. Es ofrecer la segregación sin estruendos, sin calles incendiadas, la segregación como un gas invisible que intoxica ya a demasiadas generaciones.

 “Ya lo sabemos, cariño –dijo Belinda–. No es una cuestión de tener razón. Puedes tener razón hasta el fin de los tiempos. Pero esta es tu única hija y esta es su única vida”.

“No existía nada más fascinante que la perspectiva de la destrucción total.

Solo tienes que decir que sí –instó él–, y a Stella la palabra le supo a cereza, dulce y ácida y fácil”.

“La parte más difícil de convertirse en otra persona era decidirlo”.

 El final del libro es abierto y un tanto abrupto, es una historia con muchos personajes y  muy compleja, según la escritora tenía pensado acabar la novela con el reencuentro de las gemelas, pero ese desenlace no le satisfizo emocionalmente, no tanto como acabar con Jude y Reese. Ellos representan a la nueva generación y ella quería acabar en ese momento de alegría, de aceptarse a ellos mismos. Aunque no es un final feliz a toda regla, sí que deja con un sentimiento de esperanza en esa nueva generación que es mejor y que puede que sea capaz de resolver sus problemas. No quería acabar con Stella, sino con Jude, que regresa a ese lugar donde le hicieron daño, pero que capaz de dar un paso adelante hacia su futuro.

La intención de Brit Bennett va mucho más allá de escribir sobre el dolor de la comunidad negra, trata también de reflexionar sobre el amor y sobre conflictos o debates de género/sexo. La mitad evanescente es un canto a aceptar al diferente, a no comulgar con el discurso único, a reivindicar los derechos de todas las personas.


Regla de una Gota. 2022, 12 febrero por International

 Passing, película.


En la ciudad de Nueva York de los años 1920, el mundo de una mujer negra sufre un vuelco cuando se reencuentra con una antigua amiga de la infancia que finge ser una mujer blanca.


miércoles, 8 de junio de 2022

LOS CHICOS DE LA NICKEL


El escritor Colson Whitehead, ganador de dos Premios Pulitzer - CHRIS CLOSE

   MADRID, 2 Sep. (EUROPA PRESS) -

Biografía de Colson Whitehead

Escritor americano nacido en Nueva York en 1969, Colson Whitehead creció en Manhattan, graduándose en la Universidad de Harvard. Sus primeros pasos en el mundo laboral los dio realizando reseñas sobre libros, música y televisión.

Whitehead es conocido por su primera novela, escrita en 1999, La intuicionista, y por El coloso de Nueva York, aunque en el mercado americano siempre ha destacado por su obra John Henry Days.

Con El ferrocarril subterráneo consiguió ganar el Pulitzer y el National Book Award en el año 2017.  En 2020 volvió a ganar un Pulitzer por su obra Los chicos de la Nickel con lo que es el único escritor en el mundo que ha encadenado de forma consecutiva dos Pulitzer seguidos y con lo que pasó a formar parte del selecto grupo de ganadores dobles entre los que se encuentran autores de renombre como Faulkner, Proulx, Updike y A. Walker. También es el sexto escritor de la historia en ganar el Pulitzer y el National Book Award por una misma novela. La carrera profesional de Colson Whitehead está plagada de premios y nominaciones. Su debut literario, “The Intuitionist” (1999) no solo se hizo con el galardón New Voices de The Quality Paperback Book Club, sino que también fue finalista del premio PEN/Hemingway. Su segunda novela, “John Henry Days” (2001), ganó un Young Lions Fiction y el premio Anisfield-Wolf Book, además de ser finalista del National Book Critics Circle Award. 

 

📕 LEER FRAGMENTO





 

SERIE EN PRIME VIDEO.

Barry Jenkins, ganador de un Oscar realiza la adaptación de la novela "El ferrocarril subterráneo," para seguir la desesperada búsqueda de la libertad de Cora en el Sur prebélico. Consta de una temporada de diez capítulos y se puede ver en la plataforma Prime video






        ·         Título original:The Nickel Boys

          ·         Editorial:Literatura Random House

          ·         Año publicación:2020

          ·         Traducción por:Luis Murillo Fort













"Los chicos podrían haber sido muchas cosas si la Nickel no los hubiera echado a perder. Médicos que curan enfermedades, o neurocirujanos, o de los que inventan algo que salva vidas. Candidatos a presidente. Tantos genios echados a perder"

"No soy negro, soy hombre." 

Estudiantes de la Escuela para Varones de Marianna, en 1957. Foto: Archivos del Estado de Florida.

La antropóloga Erin Kimmerle en el cementerio del centro, en una imagen de archivo.

La realidad social siempre ha atraído al narrador neoyorquino, quien  reconstruye la historia de un reformatorio -laArthur G. Dozier School for Boys, en Panhandle de Marianna- del estado de Florida en el que durante décadas se abusó sexualmente, torturó y mató a balazos a decenas de muchachos -en su mayoría, negros-. Se trata de un relato de horror que había permanecido escondido a la opinión pública hasta que en el 2014 una excavación arqueológica se topó con el macabro hallazgo de los restos de más de cincuenta cadáveres de jóvenes que habían sido encerrados en aquella institución tras haber sido detenidos por cometer delitos menores. Como explica el autor  en una entrevista ofrecida a Europa press: "Cuando me topé con la historia de este reformatorio era 2014 y había protestas en Missouri y ahora está lo de Jacob Blake y George Floyd y nunca en esos casos nadie ha rendido cuentas: todo el mundo se ha ido de rositas. Se podría decir que este libro nace de la impotencia de que nadie rinda cuentas y todo el mundo se libre". Y es indudable que Whitehead es bueno buscando historias reales a partir de las cuales escribir un libro de ficción para reivindicar derechos o denunciar actitudes. Lo vimos ya en su anterior libro El ferrocarril subterráneo y lo vemos también en esta novela.

Detalle de restos humanos en una carreta, tras una exhumación en el cementerio del colegio masculino Arthur G. Dozier en Marianna (Florida, EE.UU.). Alrededor de 30 cruces de metal marcan el cementerio, pero el estudio de terreno indica que existen 19 posibles tumbas que no están marcadas. La escuela fue cerrada en 2011 tras varios años de alegatos sobre torturas, abuso sexual, golpes y asesinatos que sucedieron en las décadas de 1940, 1950 y 1960. EFE/ARCHIVO

“Los chicos de la Nickel” tiene como protagonista a  Elwood Curtis, un joven de raza negra obsesionado con los discursos de Martin Luther King acerca de la lucha de la igualdad y la libertad y sueña con hacer de este mundo un lugar más justo. Es un chico inteligente con un futuro prometedor como estudiante que, tras ser abandonado por sus padres y criado por su estricta abuela, ve en los estudios universitarios su única salida hacía un futuro esperanzador.


La novela, corta en extensión -poco más de 200 páginas-, está dividida en tres partes más un Prólogo y un Epílogo. Prólogo y Epílogo se sitúan en el momento actual y sirven de marco a la historia que a continuación se cuenta.

En la primera parte el autor nos traslada a los Estados Unidos de los años sesenta y conocemos la infancia y adolescencia del personaje central Elwood Curtis. Esta parte finaliza cuando ilusionadamente Elwood, siempre buen estudiante y con un afán tremendo por aprender pese a las dificultades que un negro tiene solo por el hecho de serlo, con 16 años hace autostop para ir hasta la Universidad donde ha sido admitido para realizar un curso preuniversitario sobre literatura inglesa.

En la Segunda Parte ya vemos a El en la Academia Nickel. Aprender los códigos que allí dentro funcionan le ocasionará tener que pasar por la Casa Blanca, viejo almacén donde los supervisores encabezados por Spencer azotaban a los chicos negros o blancos para hacerles entender todos los puntos no escritos del manual de conducta de la institución. En la Nickel, Elwood que vive en la residencia Cleveland se hará amigo de Turner, de Desmond, de Jaimie y con ellos aprenderá a sobrevivir allí dentro.

La tercera parte es quizás la más variada pues comienza con el personaje en el Nueva York de hoy. Es un próspero empresario de mudanzas que posee una flota de camiones capitoné y un nutrido grupo de empleados. Ha triunfado. Esta es la primera sorpresa que Colson Whitehead nos da. Una sorpresa que en los capítulos que forman esta sección de la novela nos irá desvelando. En una especie de alternado hoy – ayer, o vueltas atrás (flash backs) esclarecedoras de lo sucedido hasta aquí, nos enteramos de lo que aconteció a esta pareja de compañeros (Turner Elwood) para que ahora pasado el tiempo el que atiende por el nombre de Elwood sea empresario de una empresa de mudanzas con varios empleados en plantilla y una importante flota de camiones. 

Un encuentro casual en Nueva York con un compañero de la escuela reformatorio sirve de disculpa para recordar penosos sucesos allí vividos; luego el descubrimiento que en el Prólogo leímos de restos humanos en los terrenos que ocupara la Nickel hace al Elwood empresario que vive satisfactoriamente con su mujer Mollie plantearse que ya es llegado el momento de participar activamente con su testimonio en desvelar la verdadera cara de este establecimiento y de pedir responsabilidades de lo sucedido aunque hayan pasado 42 años desde que él saliese de allí. Son varias las sorpresas que nos llevamos en esta tercera parte si bien la mayor es la que leemos en el Epílogo que cierra el relato. 

A este respecto mientras que las partes en pasado son más descriptivas de lo que sucede en la escuela, los capítulos del presente son más introspectivos y permiten entrever las secuelas que el paso por la Nickel dejó en el cuerpo y en el alma a quienes estuvieron ahí. Las marcas físicas se curan con el tiempo, pero la sensación de indefensión y de inferioridad, el sentimiento de ser una presa en un mundo amplio y salvaje no desaparecen nunca.

Whitehead tiene una escritura nada afectada. Usa el mismo tono para contar una escena de lo más cotidiana como las terribles palizas que reciben los jóvenes de la Nickel. Desde el punto de vista de un joven negro en los años sesenta, todo es rutina. No esconde la cruel violencia de la Nickel, pero tampoco hace demasiado hincapié en ella, muchos eventos quedan solo apuntados, dejados a la imaginación del espectador que debe decidir lo que realmente ha sucedido. El estilo de Whitehead es sin duda sutil. Utiliza metáforas muy poco obvias pero muy efectivas y no se detiene demasiado en los pensamientos de cada uno, con unos pocos apuntes es capaz de dar una impresión certera de las emociones de un personaje, dejando siempre espacio al lector para que construya la escena junto a él. Es cierto que en ocasiones el tono es demasiado periodístico, importando más lo que sucede que los personajes en sí, especialmente en los capítulos de la Nickel. Y es cierto que tiene un interés real y declarado en contar lo ocurrido allí y en general de dirigir la mirada del lector al conflicto racial en el país, pero en conjunto sabe encontrar un buen equilibrio entre ambas facetas, la periodística y la narrativa y dar forma a una novela sobresaliente.



Los chicos de la Nickel es una novela oscura no especialmente optimista respecto al alma humana. La maldad son las personas, dice. Puedes cambiar las leyes pero no puedes cambiar a las personas. Pero al mismo tiempo cuenta la historia de Elwood y de su amigo Turner, y de cómo sobreviven a la vida más dura imaginable de cómo un corazón bueno y un alma justa son capaces de enfrentarse a un mundo y sobrevivir e incluso ganar unas cuantas victorias por el camino. La figura de Martin Luther King sobrevuela toda la novela y la lucha por la justicia, no como una ley universal para todos los hombres sino como algo que uno cree firmemente que es lo correcto es el motor de la novela. 

Los chicos de la Nickel es una novela de perdedores, de maratonianos del final de la carrera, de “los que cruzan la línea de meta por las buenas o por las malas, sus pies convertidos en una pulpa sanguinolenta dentro de las Nike”. Es una novela oscura, sí, pero también tiene un optimismo resistente. Resistente contra la injusticia, contra el dolor y las ofensas, contra las peores cartas que te puede dar la vida. Colson Whitehead da una clase de historia, relatando uno de tantos periodos negros de nuestro pasado y sucesos que ocurrieron no hace tanto tiempo, pero sobre todo ofrece un estudio del alma humana y muestra hasta dónde puede llegar un hombre con voluntad.

«Tenemos que creer con toda nuestra alma que somos alguien, que somos importantes, que valemos, y tenemos que caminar a diario por las calles de la vida con este sentido de dignidad y este sentido de ser alguien.»

«Metednos en la cárcel y nosotros os seguiremos amando. Arrojad bombas contra nuestras casas y amenazad a nuestros hijos, y nosotros, por muy difícil que sea, os seguiremos amando. Enviad a vuestros criminales encapuchados para que entren en nuestras comunidades al amparo de la noche y se nos lleven a rastras a un camino apartado y nos abandonen allí tras darnos una paliza de muerte, y nosotros os seguiremos amando. Pero tened por seguro que nuestra capacidad de sufrimiento acabará por agotaros, y que un día ganaremos nuestra libertad.»



Colson Whitehead y las claves de ´Los chicos de la Nickel', su nueva novela, Premio Pulitzer 2020