miércoles, 1 de diciembre de 2021

Pan de limón con semillas de amapola

 

©Jaume Balagueró

Cristina Campos nace en Barcelona en 1975. Es licenciada en Humanidades por la Universidad Autónoma de Barcelona. Acaba sus estudios en la Universidad alemana de Heidelberg, donde también trabaja como coordinadora del Festival Internacional de Cine de dicha ciudad. Tras regresar a su país natal empieza su carrera laboral en el sector cinematográfico. Desde hace diez años, se dedica a la dirección de casting de largometrajes y series de televisión. Actualmente compagina su trabajo en el sector audiovisual con su pasión por la escritura. Pan de limón con semillas de amapola es su primera novela. 

Título: Pan de limón con semillas de amapola

Autora: Cristina Campos

Editorial: Planeta

1ª edición: Enero/2016

Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta

ISBN: 978-84-08-14953-8

Nº pág.: 414

Página de la editorial Planeta,

LEER UN FRAGMENTO

Pan de limón con semilla de amapola nos cuenta la historia de dos hermanas que tras 14 años se reencuentran. Marina y Anna han heredado una panadería y un viejo molino de una mujer a la que no conocían y la aceptación de la herencia y futura venta del inmueble lleva a Marina de vuelta a Mallorca, lugar que sirve de telón de fondo para esta novela.

Bizcocho de Pan de limón con semilla de amapolas
Pan de limón con semillas de amapola es un libro de búsquedas. Búsquedas que permitan aclarar secretos, búsquedas personales, familiares, y de tiempo perdido. Búsquedas que lleven a las mujeres de esta novela a recuperar lo que no hicieron, superar sus miedos y vivir de verdad. Aunque también encontraremos amistad, lealtad, amor en todas sus vertientes, respeto, libertad, añoranza, inquietudes. Pero, aunque quizás aunque en un principio no nos demos cuenta, uno de los temas importantes de esta novela es el amor maternal y la maternidad vivida de diferentes maneras: el instinto maternal o su falta, y la relación entre madres e hijas, o la carencia de esta por diferentes motivos.

    La trama de Pan de limón con semillas de amapola comienza por el desenlace, o mejor dicho, por una de las escenas que lo conforman. El narrador relata en lo que sería el prólogo (porque no figura titulado como tal), el entierro de uno de los personajes, que planificó cuidadosamente. A partir de ese momento, empiezan a desencadenarse los episodios que desvelan al lector todo lo que sucedió antes de este triste final de uno de los personajes que más peso tienen a lo largo de los capítulos. Y así es cómo iremos conociendo la historia de las dos hermanas, Marina y Anna, separadas por el tiempo y la distancia, que verán cómo vuelven a retomar su relación tras recibir esa misteriosa herencia. Esta novela, de unas 400 páginas, se estructura en capítulos de duración media. En total son solo ocho, y todos empiezan con una receta.

    A lo largo de los capítulos el lector se encontrará con un claro predominio de los personajes femeninos, tanto principales como secundarios. Mediante saltos en el tiempo, conoceremos el pasado de los personajes que más peso tienen en la novela, sobre todo de las dos hermanas, a través de episodios que más tarde influirían en su futuro. De todos ellos conoceremos sus sentimientos y emociones, que en algunas fases de la narración harán que las relaciones se resientan, y en otras se producirán algunos enfrentamientos inevitables. Salvo Armando, el marido de Anna, y Mathias, la pareja de Marina, el resto de los personajes masculinos apenas tienen trascendencia; quizás sea Antonio, el que fuera novio de Anna en su juventud, quien destaque sobre estos últimos.

    El elenco de personajes lo encabezan Marina y Anna quienes, pese a ser hermanas, son muy diferentes. Marina es una mujer de 45 años, independiente, trabaja como cooperante de Médicos sin Fronteras en Etiopía, comparte su vida un otro médico diez años menor, aunque estudió en los mejores colegios y universidades, arrastra un desarraigo y ha vivido toda su vida sin comprender el rechazo de su madre y el porqué fue apartada de los suyos a los catorce años, el estudio en las mejores universidades no la compensó nunca de la pérdida de su familia.  Anna es la hermana mayor, tiene 49 años y en pocas ocasiones ha salido de la isla. Lleva casada 25 años pero es una relación que lleva mucho tiempo acabada. Su marido es un egocéntrico que nunca tiene tiempo para ella ni para su hija. Además están pasando por un momento económico muy delicado debido a ciertos problemas en el negocio de su marido. Con su hija tampoco se entiende muy bien. Anna lleva la vida que le fue inculcada por su madre, en la que las apariencias y el papel para el que se supone la mujer está destinada tienen mucha importancia. Nunca ha vivido la vida que a ella le hubiese gustado, sino la que la que los demás han querido. Del resto de personajes femeninos cabrñía señalar a Catalina y Úrsula: Catalina había trabajado en el horno de pan del molino que heredaron las hermanas y Úrsula es una octogenaria germano-argentina, que lleva años residiendo en Valldemossa. Las tres forman un curioso triángulo que trabajarán codo con codo en el obrador del molino, pese a lo cascarrabias que es la valldemosina, quien tiene un buen contrapunto en el carácter afable y buen humor de Úrsula.

    Es una novela en la que la isla balear está muy presente a lo largo de los capítulos, pese a que una parte de la trama transcurra en Etiopía y algunos episodios en Barcelona. Pero es que, tanto la protagonista como su hermana llevan muy adentro esa roca, como la llaman en algunas fases de la novela. Pero también el lector conocerá distintos rincones de la isla de Mallorca, sobre todo Valldemossa, que es la población que cambiará la vida de Marina, aunque también se sitúan escenas en Palma y S´Estaca, en donde tendrán algunos episodios de la juventud de Anna. Aunque las escenas más impactantes se situarán en Etiopía, en donde el narrador omnisciente nos mostrará la labor de la protagonista como cooperante de Médico Sin Fronteras. En Valldemossa conoceremos la idiosincrasia de sus habitantes, perfectamente reflejada por la autora, y el embrujo que provoca en quienes se acercan por primera vez a esta población de la sierra de la Tramontana porque, como dice uno de los personajes: «Es difícil entrar en Valldemossa, pero más difícil es salir»(pág. 142). Ese embrujo del que hablo lo asociaría también a la influencia que tiene sobre los habitantes de Valldemossa el hecho de que el horno de pan vuelva a estar activo, y la fama que tenía entre sus habitantes ese pan de limón con semilla de amapola,  que se extendía fuera de la isla, y con el que los nuevos propietarios querían también agasajar a sus clientes. La anterior propietaria del molino atraerá la atención del lector, porque a Marina le costará mucho trabajo que le desvelen su identidad, ante el hermetismo que muestran los habitantes de Valldemossa a la hora de averiguar quién era la anterior propietaria de su herencia, lo que provocará que no descubra ese misterio que tanto les preocupa no se resuelva hasta que nos acerquemos al desenlace. 


Valdemossa-Mallorca

 

    

Creo que en “Pan de limón con semillas de amapola” existen dos historias que no se complementan nada bien: la de la hermana cooperante que, para mí, es la más original e interesante. Y la de la hermana ama de casa que está plagada de clichés y no aporta nada nuevo, solamente un toque sentimentaloide que es empalagoso y muy previsible. Con el personaje de la cooperante se plantean dudas muy interesantes como, por ejemplo, volver a tus orígenes, hacer las paces con tu pasado, permitirte rectificar o cambiar tus prioridades en la vida, etc. Pero el otro personaje, el de la hermana, hace que la novela pierda ritmo, que esa esencia que se consigue con una, se pierda con la otra.




 TRAILER de la película:

 

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