Quint Buchholz nació en Alemania en 1957,
estudió arte, pintura y diseño gráfico en la Academia de Arte en Munich. Se ha
dedicado a a la pintura y la ilustración desde 1979 y le ha dado vida y color a
más de cuarenta libros de editoriales alemanas e internacionales.
Dentro de sus
colecciones dedica algunas imágenes a los libros, que de manera un poco
onírica, refieren a mi juicio, al poder de los libros en la vida de las
personas y a la influencia de las letras en la manera de ver las cosas que nos
rodean.
A continuación, les muestro una selección de unas maravillosas
imágenes que sé le encantarán a los amantes de la literatura.
Cristina Campos nace en Barcelona en 1975. Es
licenciada en Humanidades por la Universidad Autónoma de Barcelona. Acaba sus
estudios en la Universidad alemana de Heidelberg, donde también trabaja como
coordinadora del Festival Internacional de Cine de dicha ciudad. Tras regresar
a su país natal empieza su carrera laboral en el sector cinematográfico. Desde
hace diez años, se dedica a la dirección de casting de largometrajes y series
de televisión. Actualmente compagina su trabajo en el sector audiovisual con su
pasión por la escritura. Pan de limón con semillas de amapola es su
primera novela.
Pan
de limón con semilla de amapolanos cuenta la historia de dos
hermanas que tras 14 años se reencuentran. Marina y Anna han heredado una
panadería y un viejo molino de una mujer a la que no conocían y la aceptación
de la herencia y futura venta del inmueble lleva a Marina de vuelta a Mallorca,
lugar que sirve de telón de fondo para esta novela.
Bizcocho de Pan de limón con semilla de amapolas
Pan de limón con semillas de amapola es un libro de búsquedas. Búsquedas que permitan aclarar
secretos, búsquedas personales, familiares, y de tiempo perdido. Búsquedas que
lleven a las mujeres de esta novela a recuperar lo que no hicieron, superar sus
miedos y vivir de verdad. Aunque también encontraremos amistad, lealtad, amor
en todas sus vertientes, respeto, libertad, añoranza, inquietudes. Pero, aunque
quizás aunque en un principio no nos demos cuenta, uno de los temas importantes
de esta novela es el amor maternal y la maternidad vivida de diferentes
maneras: el instinto maternal o su falta, y la relación entre madres e hijas, o
la carencia de esta por diferentes motivos.
La trama de Pan de
limón con semillas de amapola comienza por el desenlace, o mejor
dicho, por una de las escenas que lo conforman. El narrador relata en lo que sería el prólogo (porque no figura titulado
como tal), el entierro de uno de los personajes, que planificó
cuidadosamente. A partir de ese
momento, empiezan a desencadenarse los episodios que desvelan al lector todo lo
que sucedió antes de este triste final de uno de los personajes que más peso
tienen a lo largo de los capítulos. Y así es cómo iremos conociendo la
historia de las dos hermanas, Marina
y Anna, separadas por el tiempo y la distancia, que verán cómo vuelven a retomar su relación tras recibir esa
misteriosa herencia.Esta novela, de unas 400 páginas, se
estructura en capítulos de duración media. En total son solo ocho, y todos
empiezan con una receta.
A lo largo de los capítulos el lector se
encontrará con un claro predominio de los personajes femeninos, tanto
principales como secundarios. Mediante saltos en el tiempo, conoceremos
el pasado de los personajes que más peso tienen en la novela, sobre todo de las
dos hermanas, a través de episodios que más tarde influirían en su
futuro. De todos ellos conoceremos
sus sentimientos y emociones, que en algunas fases de la narración harán que
las relaciones se resientan, y en otras se producirán algunos enfrentamientos
inevitables. Salvo Armando, el marido
de Anna, y Mathias, la pareja de Marina, el resto de los personajes
masculinos apenas tienen trascendencia; quizás sea Antonio, el que fuera novio de Anna en su juventud, quien destaque
sobre estos últimos.
El elenco de personajes lo encabezan Marina y Anna quienes, pese a ser hermanas, son
muy diferentes. Marina
es una mujer de 45
años, independiente, trabaja como cooperante
de Médicos sin Fronteras en Etiopía, comparte su vida un otro médico
diez años menor, aunque estudió en los mejores
colegios y universidades, arrastra
un desarraigo y ha vivido toda su vida sin comprender el rechazo de su
madre y el porqué fue apartada de los suyos a los catorce años, el estudio en
las mejores universidades no la compensó nunca de la pérdida de su familia. Anna es la hermana mayor,
tiene 49 años y en pocas ocasiones ha salido de la isla. Lleva casada 25 años
pero es una relación que lleva mucho tiempo acabada. Su marido es un
egocéntrico que nunca tiene tiempo para ella ni para su hija. Además están
pasando por un momento económico muy delicado debido a ciertos problemas en el
negocio de su marido. Con su hija tampoco se entiende muy bien. Anna lleva
la vida que le fue inculcada por su madre, en la que las apariencias y el papel
para el que se supone la mujer está destinada tienen mucha importancia. Nunca ha vivido la vida que a ella le
hubiese gustado, sino la que la que los demás han querido. Del resto de personajes femeninos cabrñía señalar a Catalina y Úrsula: Catalina había trabajado en el horno de pan
del molino que heredaron las hermanas y Úrsula es una octogenaria germano-argentina,
que lleva años residiendo en Valldemossa. Las tres forman un curioso
triángulo que trabajarán codo con codo en el obrador del molino, pese a
lo cascarrabias que es la
valldemosina, quien tiene
un buen contrapunto en el carácter afable y buen humor de Úrsula.
Es una novela en la que la isla balear está muy presente
a lo largo de los capítulos, pese a que una parte de la trama transcurra en Etiopía y algunos episodios en
Barcelona. Pero es que, tanto la protagonista como su hermana llevan muy
adentro esa roca, como la llaman en algunas fases de la novela. Pero también el lector conocerá distintos rincones de la isla de Mallorca,
sobre todo Valldemossa, que
es la población que cambiará la vida de Marina, aunque también se sitúan
escenas en Palma y S´Estaca, en donde tendrán algunos episodios de la juventud de Anna. Aunque
las escenas más impactantes se situarán en Etiopía, en donde el narrador
omnisciente nos mostrará la labor
de la protagonista como cooperante de Médico Sin Fronteras. En Valldemossa conoceremos la idiosincrasia
de sus habitantes, perfectamente reflejada por la autora, y el embrujo que provoca en quienes seacercan
por primera vez a esta población de la sierra de la Tramontana
porque, como dice uno de los personajes: «Es difícil
entrar en Valldemossa, pero más difícil es salir»(pág. 142). Ese embrujo del que hablo lo asociaría también a la influencia
que tiene sobre los habitantes de Valldemossa el hecho de que el horno de pan
vuelva a estar activo, y la fama que tenía entre sus habitantes ese pan de
limón con semilla de amapola, que se extendía fuera de la isla, y con el
que los nuevos propietarios querían también agasajar a sus clientes. La anterior
propietaria del molino atraerá la atención del lector, porque a Marina le
costará mucho trabajo que le desvelen su identidad, ante el hermetismo que
muestran los habitantes de Valldemossa a la hora de averiguar quién era la
anterior propietaria de su herencia, lo que provocará que no descubra ese
misterio que tanto les preocupa no se resuelva hasta que nos acerquemos al
desenlace.
Valdemossa-Mallorca
Creo que en “Pan de limón con
semillas de amapola” existen dos
historias que no se complementan nada bien: la de la hermana cooperante
que, para mí, es la más original e interesante. Y la de la hermana ama de casa
que está plagada de clichés y no aporta nada nuevo, solamente un toque
sentimentaloide que es empalagoso y muy previsible. Con el personaje de la cooperante se plantean dudas muy interesantes como,
por ejemplo, volver a tus orígenes, hacer las paces con tu pasado, permitirte
rectificar o cambiar tus prioridades en la vida, etc. Pero el otro personaje,
el de la hermana, hace que la novela pierda ritmo, que esa esencia que se
consigue con una, se pierda con la otra.
Periodista y escritora franco-marroquí, Leila
Slimani nació en Rabat, Marruecos, en octubre del año
1981. Se ha consagrado como una de las voces más prometedoras de la literatura
francesa del siglo XXI.
Nacida en una familia
burguesa marcada por su diversidad cultural (cada miembro de la misma
tenía creencias y una religión diferente pero todos se respetaban), su sueño es
que el mundo sea tan tolerante como lo fue su casa, ya que sus padres le dieron
una educación liberal a pesar de estar en un país lleno de restricciones.
Con tan solo 17 años se mudó a
París, donde estudió Ciencias Políticas en el Instituto de Estudios Políticos y
se especializó en el ESCP Europe Business School en la rama de medios de comunicación.
Ha trabajado en revistas francesas como L’Express y Jeune Afrique, hasta que en
2012 dejó el mundo periodístico para dedicarse por completo a la literatura.
En 2014 escribió su primera
novela, Dans
le jardin de l'ogre, que aborda el tema de la adicción sexual
femenina. Con ella consiguió muy buenas críticas, pero no fue hasta que publicó Canción
dulce que alcanzó una fama notable al ganar el Premio
Goncourt 2016.
“Una niñera pasa mucho tiempo en tu misma casa, lo sabe todo sobre tu familia, hasta los detalles más íntimos de tu vida. Y tiene un gran poder sobre ti porque cuida a tus hijos. Y muy a menudo, los patrones adoptan cierta indiferencia hacia ellas. Le pagan, le dan órdenes, pero no quieren saber quién es, cómo es su vida. Esta discrepancia y lo que genera es precisamente lo que quería mostrar”
Canción triste es la segunda novela de la
escritora Leila Slimani , fue galardonada con el premio Goncourt de
2016. El principio de la novela es durísimo, la historia
empieza con un asesinato, la primera frase es impactante: “El bebé ha muerto”. Y entras de lleno en uno de los temas que más
nos pueden llegar a impresionar: violencia, muerte e infancia. Lo que sigue al
bebé muerto no es más alentador. El médico asegura que el niño, “al menos”, no
sufrió: “Lo tendieron en una funda gris y
cerraron el cierre sobre el cuerpo desarticulado que flotaba entre los
juguetes”. En cambio, la niña todavía estaba viva cuando llegó la
ambulancia, “peleó como una bestia”
por sobrevivir, estaba agitada, tenía la garganta llena de sangre, los pulmones
perforados, la cabeza golpeada. Un baño y una habitación llenos de sangre,
muebles tirados, juguetes desparramados, dos niños acuchillados a la hora del
baño, esto es la escena de un crimen.
“A la otra también había que salvarla. Con
profesionalismo, con objetividad”.
La otra es la asesina, que no es otra, ni más ni menos, que la niñera de los
chicos. Quiso suicidarse, se clavó el cuchillo en la garganta. Pero no murió y
está internada. De ahí en más, lo que sigue será la reconstrucción no del
crimen, sino de la vida de esa niñera y de esa familia. Y la
cita es una flecha directa a ese otro inicio, todo un clásico, el de El extranjero,
de Albert Camus, otro autor de nacionalidad francesa pero
nacido en Argelia: “Hoy
ha muerto mamá”. Camus, argelino; Slimani, marroquí. Ambos países del
noroeste africano, ambos ex colonias francesas.
La novela empieza por
el final y esto condicionará nuestra lectura, estaremos acechantes ante esa mujer capaz de cometer un crimen tan atroz, queremos descubrir los
indicios de la locura, y somos espectadores de un proceso de degradación
psicológica, contemplamos la caída a los infiernos de un personaje que llegará
a hacer una bestialidad inconcebible, el asesinato de dos criaturas a las que
ha criado y amado. Podemos entender, que no disculpar, en absoluto, a un
personaje como Louise. Para mí esto es una de las grandes logros de
la literatura, la lectura de una novela como esta nos permite conocer el alma
humana, conocer una vertiente de los seres humanos que afortunadamente
no nos encontramos en nuestro camino pero que nos hace pensar que “el infierno
está en los otros” como decía, Jean Paul Sartre, otro autor francés, por
cierto. Y no podemos dejar de pensar lo cercano que puede estar el horror más
absoluto.
Después
de estas primeras páginas impactantes la novela da un salto al pasado y un
narrador omnisciente nos muestra al matrimonio de Paul y Miriam,
ella quien apenas finalizada la carrera de derecho se vio abocada a la
maternidad quiere retomar su actividad
laboral en un estudio de abogados. Para eso necesitan dejar a Mila y Adam, sus hijos pequeños, con
una niñera. Aquí la novela nos presenta un tema fundamental para cualquier
mujer de nuestra época, la tensión entre maternidad y vida laboral ¿Cómo conciliar ambos aspectos? Miriam es una estudiante brillante que decide quedarse al
cuidado de sus hijos pero esto no le llena, se encuentra fracasada y reclama el
volver al trabajo como una forma de volver a su identidad perdida entre
biberones y pañales, pero es ella en todo momento la que renuncia primero a su
profesión y luego es la que sufre múltiples remordimientos por “abandonar” a
sus hijos para trabajar, en ningún momento el padre tiene la misma angustia, él
se marcha a trabajar sin complejos y de hecho se hace hincapié de que es con el sueldo de ella con el que se pagará el de la niñera. Muchas de nosotras, madres
trabajadoras podríamos llenar páginas con nuestras historias y nuestros
remordimientos…
Y se inicia el proceso de
selección de la niñera y las páginas se cargan de ironía, se introduce la
cuestión racial con una gran sutileza, que la candidata a niñera tenga los papeles en
regla, “para el pintor o la empleada de
limpieza no importa si no tiene los papeles, pero para la niñera es importante,
a ver si tiene miedo de llamar a la policía o de ir al hospital”. Francia,
como en nuestro país, recibe muchos inmigrantes que buscan una mejor calidad de
vida que en sus países de nacimiento y se insertan en el mercado laboral. Y
tanto en Francia como aquí la crianza
queda, muchas veces, en manos de mujeres inmigrantes: marfileñas, marroquíes,
senegalesas en Francia; paraguayas, peruanas, bolivianas en Catalunya. Que la
niñera, en definitiva, no sea ni muy joven, ni muy vieja, que no fume, que no
tenga hijos o que esos hijos ya sean grandes y que además vivan en el país, a
ver si todavía tiene que viajar lejos. Que no sea “magrebí”, “no quiero que les
hable en árabe a los chicos”. Así, en esas frases que se dicen de pasada,
como comentarios, construye Slimani los discursos de discriminación
ya naturalizados que circulan, en este caso, en una
familia burguesa de Francia. Pero además la autora le da una vuelta al tema
racial, Miriam es magrebí, aunque está occidentalizada, no habla a los niños en
árabe ni lleva velo ni quiere a una canguro árabe porque no quiere que le hable
a sus hijos en ese idioma que es el suyo. Y hay un cambio de papeles:
empleadora magrebí, cuidadora blanca, al revés de la tendencia dominante,
recordemos cuando Miriam va a la agencia para contratar a la canguro y la
confunden a ella por la niñera, que nos recuerda a los episodios de
discriminación leídos en la novela Americanah
de Chimamanda Adichie.
Y
después llega Luisa. Un ángel caído del cielo. La niñera ideal. Los chicos la
aman. El matrimonio también, aparece como un hada madrina, como Mary Popins. ¿Quién no querría tenerla como niñera? Pero acá hay un cliché roto, lo que provoca un respingo en el
lector: Luisa no es inmigrante, es francesa, blanca, de mediana edad, es rubia.
Slimani rompe el lugar común –la niñera no es inmigrante–, a la vez que
confirma el acto de racismo: de las candidatas a niñeras, eligen a la francesa.
Después,
la llevan de vacaciones con ellos, a Grecia, porque “después de todo, ¿qué otra cosa tiene para hacer?”. Poco a poco vamos
conociendo a Luisa, aunque nosotros ya sabemos lo que es capaz de hacer y nos preguntamos
en cada línea cómo es posible que llegara a hacer lo que hizo. Toda la vida de Luisa pasa
por cuidar a esos dos chicos. Y va más allá: sin que nadie se lo pida, empieza
a limpiar la casa, preparar la comida, hacer las compras, sacar la basura, Esta
intromisión acaba siendo tóxica.
A
partir de pequeñas situaciones y gestos, Slimani, construye, con paciencia y
minuciosidad (la ansiedad, como siempre, corre por cuenta del lector), esa
relación de interdependencia entre ambas partes, familia-niñera, que finalmente
acabará en tragedia. “Al principio,
quería escribir sobre la relación que tenemos con una niñera, porque es una
relación de poder muy ambigua entre dos mujeres. Una relación íntima y
profesional, en la que se mezclan el afecto y los celos”, contó la propia
Slimani en una entrevista con Clarín a
fines de 2019.
Vamos conociendo poco a poco a Louise, como lectores estamos
expectantes ante cualquier manifestación de su locura y poco a poco se nos
va presentando la personalidad de la niñera. Es una mujer que vive sola en un
suburbio de París, viuda de un marido que al morir la dejó endeudada y con una
hija de la que no sabe nada y de nuevo aparece la paradoja, ella que ha cuidado
con esmero a muchos hijos ajenoses
incapaz de dar amor a su propia hija quien
acaba abandonándola. De niña comía las sobras. Nunca tuvo un dormitorio
propio. Ha
vivido con emociones prestadas, inspiradas por la intimidad de las familias a
las que ha servido. Louise nos da una imagen de tristeza,
desarraigo, pobreza y soledad.No pide
ayuda, no sabe pedirla, es incapaz de manifestar sus emociones, las contiene,
es una olla a presión que al explotar causa un horror espantoso. El asesinato
de los niños se produce fuera de cámara, pero los signos que preludian la
tragedia son terriblemente inquietantes. Una tarde, Louise maquilla a Mila como
si fuera un travesti, convirtiéndola en una muñeca grotesca. Otro día, anota en
su libreta con tapas de florecitas el diagnóstico de un psiquiatra: “melancolía delirante”. Un odio feroz se
rebela contra sus impulsos serviles y su pueril optimismo. Myriam, la madre, le
pide que arroje a la basura un pollo de aspecto ajado, pero ella lo sirve a los
niños y exhibe su esqueleto como un “tótem maléfico”, feliz de desafiar a la
joven madre. El asesinato de los niños será el tributo que pagarán las familias
satisfechas, ajenas a su infelicidad. “Se me castigará por no saber amar”,
anticipa.
El título ironiza sobre los estereotipos
relacionados con el cuidado de los niños: la imagen de la portada, la madre o
cuidadora que canta una nana al niño que mece entre los brazos, pero la
historia no es ni canción ni dulce, la realidad no es tan dulce como una nana.
Canción dulce aborda sin miedo la frustración,
la soledad, el resentimiento y la locura. Aunque el estilo es fluido y
elegante, leerla produce angustia y desaliento. Es verdadera literatura, porque
duele y perdura en la memoria como un eco helado y persistente, clamando que el
odio sólo necesita grandes dosis de desamor para florecer y propagarse.
Mediante una
prosa austera, con un estilo aséptico dominado por frases cortas y sin exceso
de descripción, la información se nos da
poco a poco. Slimani construye un drama capaz de entrecortar respiraciones, que
funciona al mismo tiempo de retrato social. La dureza y el realismo con que se
despliegan las acciones permiten ser testigos de una sociedad donde la
felicidad y el desamparo se entrecruzan cada día por las calles, en el
ascensor, en cada vivienda.
Yoselyn Ortega, niñera acusada de matar a Lucia y a Leo Krim, en Nueva York (EE.UU.), el 8 de julio de 2013. Lucas Jackson / Reuters
Su
libro llegó al cine en 2019, de la mano de la directora Lucie Borleteau y con
Karin Viard en el rol de Luisa. Hay otra adaptación en marcha en Estados
Unidos, donde el libro fue traducido con una especie de “guía de lectura”, en
donde Slimani explica ciertos
pasajes del proceso de escritura. Fue necesario ese anexo por lo perturbador
del tema que tocaba: el miedo a que los hijos sufran,
el miedo a que les pase algo y, aún peor, el miedo a perderlos.