Periodista, escritor y dramaturgo español nacido en
Barcelona en 1967, Xavier Bosch se licenció en Ciencias de la
Información.
Se le conoce profesionalmente por su labor como
conductor y presentador de varios programas en la radio y televisión del ámbito
catalán como TV3 o RAC1, tanto cubriendo información deportiva como de cultura
y sociedad. Estuvo en la génesis del televisivo Alguna pregunta
més, fue jefe de programas de RAC1, director de l’Avui y hoy
está en el consejo editorial del diario Ara.
En
lo literario, Bosch ha publicado la mayor parte de su obra en
lengua catalana, destacando en 2009, su obraSe sabrá totfue
ganadora del Premio Sant Jordi de novela y en 2015 fue galardonado
con el Premi Ramón Llull por su obra Algú com tu.
Ilustración de la portada de María FOUZ, ilustradora del Diari ARA, imagen sugerente y nostálgica en la que los tres personajes mira cada uno para un lado, cada uno tiene su trayectoria pero se unen en los momentos más importantes.
La novela de Xavier Bosch tiene principalmente una doble trama, por un lado la historia de una familia, especialmente los tres hermanos Estrada Vilalta y el caso de los bebés robados que se produjo desde el franquismo hasta bien entrada la democracia. También aparece una trama secundaria, la de los robos de libros que no deja de tener su lado divertido.
Photo Adam Mørk Experimentarium
Las dos tramas principales se
corresponden con los dos registros del autor: el periodista de investigación y
el novelista que nos hace revivir el amor, en este caso el fraternal, nos presenta a
tres hermanos que viven distantes geográficamente, Victoria es pediatra en
Estrasburgo; Raimon, científico, vive en Copenhague, trabaja en el Experimentharium y
Joel, periodista y residente en Barcelona. Estos personajes están muy bien perfilados,
cada uno con sus luces y sus sombras, el hecho de que cada uno de ellos cuente
con una trayectoria vital diferente le
permite al autor tratar temas como la aceptación de la homosexualidad, la
nostalgia y el desarraigo de los que se han instalado en otro país, los
entresijos y dilemas a los que se enfrentan quienes trabajan en los medios de
comunicación…
Ellos saben mantenerse
próximos a pesar de que cada uno vive en una parte del mundo y la novela es un
homenaje a los hermanos, la relación que se establece en la infancia y que
perdura a lo largo del tiempo y que aunque la vida nos separe siempre nos unirá
todo lo vivido y compartido en la infancia, una fraternidad que no es solo
lazos de sangre sino que es algo que proviene de la unión y de todo aquello que
se ha compartido desde niño, el final de la novela nos presenta a los
protagonista diciendo estas palabras:
“Cuando
se terminó la canción, Rai tenía aún algo que decir:
-Un
hermano es un trozo de infancia –improvisó, inspirado en la nostalgia del
paisaje.
-Un
hermano es el trozo de la infancia que nunca perderás.
Estuvieron
de acuerdo, con la precisión de Vito…”
Al inicio de la historia el reencuentro viene a partir de la
muerte de su madre. Saúl
Estrada, el padre, sentado en el banco de la iglesia donde se celebra la
emotiva ceremonia para despedir a su esposa, está petrificado, como si le
hubieran arrancado, una a una, todas las alegrías que ha ido acumulando a lo
largo de su existencia. «La mujer de su vida» es la frase que Joel ha utilizado
en la esquela del periódico, y eso es exactamente lo que María significaba para
él. El autor nos hace revivir momentos y vivencias que todos en algún momento
de nuestra vida hemos hecho o tendremos que hacer, el vaciar los armarios de
los seres queridos que nos han ido dejando, como ocurre en los primeros capítulos.
Con la otra trama,
la de los bebés robados el autor mezcla la
historia de ficción con sucesos que ocurrieron en la realidad, compleja trama de un suceso
que sacudió a la sociedad al salir a la luz: los bebés robados. Ahondando en el
sentimiento de los protagonistas, padres o hijos, víctimas de unas ideas
reaccionarias y un proceder delictivo, que no podrán sentir el alivio de ver
juzgados a los responsables. Y es que en la mayoría de los casos ya han prescrito los hechos delictivos que se les
puede imputar.
Eduardo Vela, ginecólogo y ex director de la Clínica San Ramón.| Diego Sinova
Tal y como señala el autor:
“En
octubre de 2012, dediqué un programa de Àgora en TV-3 a los niños
robados; fue de las veces que regresé más afectado a casa; era, pues un tema
pendiente, y ahora es un intento desde la ficción de hacer justicia”,
“Han
pasado nueve años y nadie encontró a nadie ni nada; interviene un montón de
gente, médicos, comadronas, intermediarios, pero todo está envuelto de una
cultura de silencios inexplicables; es una omertà absoluta”,
“Eso no es sólo cosa de monjas y del franquismo; ha
pasado en democracia y en instituciones y estamentos públicos; son crímenes
contra la humanidad que, como tales, no deberían prescribir…, menos en España”,
Sor María, la monja imputada por el caso de los bebés robados
El resultado de estos “secuestros perpetuos” es
que entre 1940 y 1990 se calcula que en España desaparecieron unos 300.000
bebés.
Un cruel negocio que arrancó en plena
dictadura, pero que siguió dándose hasta 1999, cuando se abolió el parto
anónimo o secreto, vigente desde 1957, y que permitía que la madre biológica no
quedara en los registros.
Además de ser una obra muy amena,
abre las puertas a que el lector siga investigando por su cuenta cuánto hay de
realidad y cuánto de ficción en el tema central de la trama. Incluso se puede seguir el rastro de uno de los personajes que
menciona, como el del médico Eduardo Vela y
su implicación en varios casos de sustracción de recién nacidos, juzgado en octubre de 2019. Podremos constatar cuán verdad es el aforismo que expresa
que muchas veces la realidad supera a
la ficción.
Y mientras Joel está intentando esclarecer
una historia tan terrible, el drama explota en su propia familia afectando
especialmente a su hermana pequeña, Vito. Así realidad y ficción se
entremezclan para hacernos vivir con más intensidad el drama vivido por
múltiples familias y de aquellos que al
descubrir que fueron alejados de sus padres biológicos de una manera tan despiadada ven como toda su vida se desmorona
y cuestiona toda su existencia.
Todo ello
con un estilo dinámico, con frases cortas y muy visual, estructura sencilla. Novela
que se lee sin dificultad.
El escritor Colson Whitehead, ganador de dos Premios Pulitzer - CHRIS CLOSE
MADRID, 2 Sep. (EUROPA PRESS) -
Biografía de Colson Whitehead
Escritor
americano nacido en Nueva York en 1969, Colson Whitehead creció
en Manhattan, graduándose en la Universidad de Harvard. Sus primeros pasos en
el mundo laboral los dio realizando reseñas sobre libros, música y televisión.
Whitehead es conocido por su primera novela, escrita
en 1999, La intuicionista, y por El coloso de Nueva
York, aunque en el mercado americano siempre ha destacado por su obra John
Henry Days.
Con Elferrocarril
subterráneo consiguió ganar el Pulitzer y
el National Book Award en el año 2017. En 2020 volvió a ganar un Pulitzer por su
obra Los chicos de la Nickel con lo que es el único escritor en el
mundo que ha encadenado de forma consecutiva dos Pulitzer seguidos y con lo que pasó a formar parte del selecto grupo de ganadores dobles entre los que se encuentran autores de renombre como Faulkner, Proulx, Updike y A. Walker. También es el
sexto escritor de la historia en ganar el Pulitzer y el National Book Award por
una misma novela. La carrera profesional de Colson Whitehead está plagada de
premios y nominaciones. Su debut literario, “The Intuitionist” (1999) no solo
se hizo con el galardón New Voices de The Quality Paperback Book Club, sino que
también fue finalista del premio PEN/Hemingway. Su segunda novela, “John Henry
Days” (2001), ganó un Young Lions Fiction y el premio Anisfield-Wolf Book,
además de ser finalista del National Book Critics Circle Award.
Barry Jenkins,
ganador de un Oscar realiza la adaptación de la novela "El ferrocarril subterráneo," para seguir la
desesperada búsqueda de la libertad de Cora en el Sur prebélico. Consta de una temporada de diez capítulos y se puede ver en la plataforma Prime video
Booktrailer Los chicos de la Nickel. Colson Whitehead
"Los chicos podrían haber sido muchas cosas si
la Nickel no los hubiera echado a perder. Médicos que curan enfermedades, o
neurocirujanos, o de los que inventan algo que salva vidas. Candidatos a
presidente. Tantos genios echados a perder"
"No
soy negro, soy hombre."
Estudiantes de la Escuela para Varones de
Marianna, en 1957. Foto: Archivos del Estado de Florida.
La antropóloga Erin Kimmerle
en el cementerio del centro, en una imagen de archivo.
La realidad social siempre ha atraído al narrador neoyorquino,
quien reconstruye la historia de
un reformatorio -laArthur G. Dozier School for Boys, en Panhandle de Marianna- del estado de
Florida en el que durante décadas se abusó sexualmente, torturó y mató a balazos
a decenas de muchachos -en su mayoría, negros-. Se trata de un relato de horror
que había permanecido escondido a la opinión pública hasta que en el 2014 una
excavación arqueológica se topó con el macabro hallazgo de los restos de más de
cincuenta cadáveres de jóvenes que habían sido encerrados en aquella
institución tras haber sido detenidos por cometer delitos menores.Como explica el autor en una entrevista
ofrecida a Europa press: "Cuando
me topé con la historia de este reformatorio era 2014 y había protestas en
Missouri y ahora está lo de Jacob Blake y George Floyd y nunca en esos casos
nadie ha rendido cuentas: todo el mundo se ha ido de rositas. Se podría decir
que este libro nace de la impotencia de que nadie rinda cuentas y todo el mundo
se libre".Y es indudable que Whitehead es bueno buscando historias reales a
partir de las cuales escribir un libro de ficción para reivindicar derechos o
denunciar actitudes. Lo vimos ya en su anterior libroEl ferrocarril subterráneoy lo
vemos también en esta novela.
Detalle
de restos humanos en una carreta, tras una exhumación en el cementerio del
colegio masculino Arthur G. Dozier en Marianna (Florida, EE.UU.). Alrededor de
30 cruces de metal marcan el cementerio, pero el estudio de terreno indica que
existen 19 posibles tumbas que no están marcadas. La escuela fue cerrada en
2011 tras varios años de alegatos sobre torturas, abuso sexual, golpes y
asesinatos que sucedieron en las décadas de 1940, 1950 y 1960. EFE/ARCHIVO
“Los chicos de la Nickel” tiene como protagonista a Elwood Curtis, un joven de raza negra
obsesionado con los discursos de Martin Luther King acerca de la lucha de la
igualdad y la libertad y sueña con hacer de este mundo un lugar más justo. Es
un chico inteligente con un futuro prometedor como estudiante que, tras ser
abandonado por sus padres y criado por su estricta abuela, ve en los estudios
universitarios su única salida hacía un futuro esperanzador.
La novela,
corta en extensión -poco más de 200 páginas-, está dividida en tres partes más
un Prólogo y un Epílogo. Prólogo y Epílogo se sitúan en el momento actual y
sirven de marco a la historia que a continuación se cuenta.
En la primera parte el autor nos traslada
a los Estados Unidos de los años sesenta
y conocemos la infancia y adolescencia del personaje
central Elwood Curtis. Esta parte finaliza cuando
ilusionadamente Elwood, siempre buen estudiante y con un afán
tremendo por aprender pese a las dificultades que un negro tiene solo por el
hecho de serlo, con 16 años hace autostop para ir hasta la Universidad donde ha
sido admitido para realizar un curso preuniversitario sobre literatura inglesa.
En la Segunda Parte ya vemos a El en
la Academia Nickel. Aprender los códigos que allí dentro funcionan le
ocasionará tener que pasar por la Casa
Blanca, viejo almacén donde los supervisores encabezados
por Spencer azotaban a los chicos negros o blancos para
hacerles entender todos los puntos no escritos del manual de conducta de la
institución. En la Nickel, Elwood que vive en la residencia
Cleveland se hará amigo de Turner, de Desmond, de Jaimie y
con ellos aprenderá a sobrevivir allí dentro.
La tercera parte es quizás la más variada pues comienza con
el personaje en el Nueva York de hoy. Es un próspero empresario de mudanzas que
posee una flota de camiones capitoné y un nutrido grupo de empleados. Ha
triunfado. Esta es la primera sorpresa que Colson Whitehead nos
da. Una sorpresa que en los capítulos que forman esta sección de la novela nos
irá desvelando. En una especie de alternado hoy – ayer, o vueltas atrás (flash
backs) esclarecedoras de lo sucedido hasta aquí, nos enteramos de lo que
aconteció a esta pareja de compañeros (Turner y Elwood)
para que ahora pasado el tiempo el que atiende por el nombre de Elwood sea
empresario de una empresa de mudanzas con varios empleados en plantilla y una
importante flota de camiones.
Un encuentro
casual en Nueva York con un compañero de la escuela reformatorio sirve de
disculpa para recordar penosos sucesos allí vividos; luego el descubrimiento
que en el Prólogo leímos de restos humanos en los terrenos que
ocupara la Nickel hace al Elwood empresario que vive
satisfactoriamente con su mujer Mollie plantearse que ya es
llegado el momento de participar activamente con su testimonio en desvelar la
verdadera cara de este establecimiento y de pedir responsabilidades de lo
sucedido aunque hayan pasado 42 años desde que él saliese de allí. Son varias
las sorpresas que nos llevamos en esta tercera parte si bien la mayor es la que
leemos en el Epílogo que cierra el relato.
A este respecto mientras que las partes
en pasado son más descriptivas de lo que sucede en la escuela, los capítulos
del presente son más introspectivos y permiten entrever las secuelas que el
paso por la Nickel dejó en el cuerpo y en el alma a quienes estuvieron ahí. Las
marcas físicas se curan con el tiempo, pero la sensación de indefensión y de
inferioridad, el sentimiento de ser una presa en un mundo amplio y salvaje no
desaparecen nunca.
Whitehead tiene una escritura nada afectada. Usa
el mismo tono para contar una escena de lo más cotidiana como las terribles
palizas que reciben los jóvenes de la Nickel. Desde el punto de vista de un
joven negro en los años sesenta, todo es rutina. No esconde la cruel violencia
de la Nickel, pero tampoco hace demasiado hincapié en ella, muchos eventos
quedan solo apuntados, dejados a la imaginación del espectador que debe decidir
lo que realmente ha sucedido. El estilo de Whitehead es sin duda sutil. Utiliza
metáforas muy poco obvias pero muy efectivas y no se detiene demasiado en los
pensamientos de cada uno, con unos pocos apuntes es capaz de dar una impresión
certera de las emociones de un personaje, dejando siempre espacio al lector
para que construya la escena junto a él. Es cierto que en ocasiones el tono es
demasiado periodístico, importando más lo que sucede que los personajes en sí,
especialmente en los capítulos de la Nickel. Y es cierto que tiene un interés
real y declarado en contar lo ocurrido allí y en general de dirigir la mirada
del lector al conflicto racial en el país, pero en conjunto sabe encontrar un
buen equilibrio entre ambas facetas, la periodística y la narrativa y dar forma
a una novela sobresaliente.
Los chicos de la Nickel es una novela oscura no
especialmente optimista respecto al alma humana. La maldad son las personas,
dice. Puedes cambiar las leyes pero no puedes cambiar a las personas. Pero al
mismo tiempo cuenta la historia de Elwood y de su amigo Turner, y de cómo
sobreviven a la vida más dura imaginable de cómo un corazón bueno y un alma
justa son capaces de enfrentarse a un mundo y sobrevivir e incluso ganar unas
cuantas victorias por el camino. La figura de Martin Luther King sobrevuela
toda la novela y la lucha por la justicia, no como una ley universal para todos
los hombres sino como algo que uno cree firmemente que es lo correcto es el motor de la novela.
Los chicos de la Nickel es una novela de
perdedores, de maratonianos del final de la carrera, de “los que cruzan la
línea de meta por las buenas o por las malas, sus pies convertidos en una pulpa
sanguinolenta dentro de las Nike”. Es una novela oscura, sí, pero también tiene
un optimismo resistente. Resistente contra la injusticia, contra el dolor y las
ofensas, contra las peores cartas que te puede dar la vida. Colson Whitehead da una clase de historia,
relatando uno de tantos periodos negros de nuestro pasado y sucesos que
ocurrieron no hace tanto tiempo, pero sobre todo ofrece un estudio del alma
humana y muestra hasta dónde puede llegar un hombre con voluntad.
«Tenemos que creer con toda nuestra alma
que somos alguien, que somos importantes, que valemos, y tenemos que caminar a
diario por las calles de la vida con este sentido de dignidad y este sentido de
ser alguien.»
«Metednos en la cárcel y nosotros os
seguiremos amando. Arrojad bombas contra nuestras casas y amenazad a nuestros
hijos, y nosotros, por muy difícil que sea, os seguiremos amando. Enviad a
vuestros criminales encapuchados para que entren en nuestras comunidades al
amparo de la noche y se nos lleven a rastras a un camino apartado y nos
abandonen allí tras darnos una paliza de muerte, y nosotros os seguiremos
amando. Pero tened por seguro que nuestra capacidad de sufrimiento acabará por
agotaros, y que un día ganaremos nuestra libertad.»
Colson Whitehead y las claves de ´Los Colson Whitehead y las claves de ´Los chicos de la Nickel', su nueva novela, Premio Pulitzer 2020
Nació
en Lockport, Nueva York, en 1938 en el seno de una familia católica,también utiliza para escribir los pseudónimos de Rosamond
Smith y Lauren Kelly. Joyce Carol Oates es una mujer menuda y flaca de 84 años que, desde los 24, cuando publicó su primer texto de ficción, no ha dejado de producir al menos dos obras por año. Una cuenta que se queda corta, porque es de 2008, menciona 40 novelas, 20 libros de cuentos, ocho de poesía, siete obras de teatro, seis volúmenes de no ficción y varios textos infantiles. Otro artículo más actual habla de 72 novelas en total.
Es una
de las grandes escritoras estadounidenses de todos los tiempos. Sus
novelas Agua negra (1992), What I Lived For (1994)
y Blonde (2000), y sus colecciones de cuentos La rueda
del amor y otras historias (1970) y Mágico, sombrío,
impenetrable (2014) fueron finalistas para el Premio Pulitzer.
Ha ganado muchos premios por su escritura, incluido el National Book Award, por sus novelas ellos (1969)
y Violación: una historia de amor (2013), el Premio O. Henry,
el Bram Stoker Award, el PEN/Malamud Award,
el Prix Fémina, el Premio BBK Ja! Bilbao, el Premio Jerusalén y el Premio Mundial Cino Del Duca.12 En 2011 recibió la National Humanities Medal, el más alto
galardón civil del gobierno estadounidense en el campo de las humanidades, y en
2012, el Premio Stone de la Oregon State University por su
carrera literaria. Es candidata habitual al Premio Nobel de Literatura.
En el 2021 ganó el Premio Pepe Carvalhorecibido en el
marco del festival BCNegra. El jurado, presidido por Carlos Zanón,
otorgó el galardón a la escritora porque representa "lo mejor de la narrativanorteamericana, reconociendo su
obra dentro del género negro", también destacó el "personal
tratamiento" que Joyce Carol Oates realiza desde diferentes ópticas del
fenómeno de la violencia y su trascendencia psicológica y social,
subrayando su "personal inmersión" en el género negro para
expandirlo y abrirlo al presente, la exposición y la mirada del violento y la
víctima.
Alfaguara inició en 2008
la publicación de su obra con la magistral novela La hija del sepulturero, a la que siguieron Mamá; Infiel (recopilación
de relatos elegida como uno de los libros más destacados de 2001 según The New
York Times); Ave del paraíso; Memorias de una viuda; Una
hermosa doncella; Blonde, su gran
novela sobre la vida de Marilyn Monroe que fue finalista del Premio
Pulitzer; Hermana mía, mi amor (Grand
Prix de l'Héroïne Madame Figaro); Mujer de barro; Carthage; Mágico, sombrío, impenetrable; Rey de picas. Una novela de suspense (uno de los
Mejores Libros del año según El Cultural de El Mundo), y Un libro de mártires americanos.
Los libros de Oates no son complacientes, la
violencia impregna toda su obra, según señaló cuando se le concedió el Premio
Carvalho de novela negra en el 2021: “el mundo está tan impregnado de misterio
y delito que necesita de verdad una literatura que exponga las maquinaciones
del mal para que se pueda alcanzar la justicia” y añadió “ separar la violencia
de todo tejido de la vida en literatura no es literatura”
Hubo una época en
que yo era la favorita de papá, de entre sus siete hijos.
Antes de que algo
terrible sucediera entre nosotros, algo que todavía estoy tratando de
solucionar.
Fue en noviembre de
1991. En aquel momento tenía doce años y siete meses. Mi padre me mandó al
exilio. ¡Trece años exiliada! Puede que para un adulto no sea mucho tiempo;
para una adolescente es toda una vida.
¿Quién es la niñita
de papá?"
Delatora está
protagonizada por Violet Rue Kerrigan, una joven que recuerda su vida después
de que, con doce años, ofreciera su testimonio sobre el asesinato racista de un
niño afroamericano por parte de sus hermanos mayores y la apartasen de su
familia. En una sucesión de episodios recordados de un modo casi palpable,
Violet analiza las circunstancias de su vida como la menor de siete hermanos,
una niña en su momento querida, que inadvertidamente «delata» a sus hermanos,
dando pie a su arresto, su condena y a su propio distanciamiento.
Esta conmovedora
novela dibuja una vida de destierro —destierro respecto a los padres, a los
hermanos, a la Iglesia— que obliga a Violet a reconstruir su propia identidad,
romper el poderoso embrujo de la familia. Un largo exilio como «delatora» para
llegar a una vida transformada.
Oates
regresa a sus temas, entra esta vez en un entorno familiar tóxico con unpadre con un trabajo obrero, afición desmedida por el alcohol y
tendenciasbrutales. Un hombre que
mide bajo el mismo ojo a sus hijos y a sus hijas. Y noes precisamente el ojo de la igualdad. Ellos son brutos y ellas
han de serchicas hermosas y sexys,
pero sin pasarse. Ellos son apenas educados más allá de ese trato casi animal.
De hecho es fácil que el lector se escandalice ante un primer acto de Lionel y
Jerome que apenas es castigado por llamarlode alguna
manera. Y de ahí, al asesinato en una sucesión brutal de imágenes cargadas por
el razonamiento inicial de estos dos hermanos mayores de laprotagonista.
"Para papá, el mundo estaba
inapelablemente dividido: varones y hembras. Y a
mis hermanos los quería de una forma diferente a como nos quería a mis hermanas
y a mí, con un amor más extremo, más exigente, mezclado con impaciencia, en
ocasiones con burla; un amor hiriente.
En mis hermanos se veía a sí mismo y, en
consecuencia, encontraba fallos, incluso vergüenza, necesidad de castigarlos.
Pero también padecía una ceguera, la imposibilidad de separarse de ellos. A sus
hijas, a sus chicas, papá las adoraba. Nadie habría dicho de ningún Kerrigan
que adorase a sus hijos.
Y
esa violencia impregna el libro que vamos a comentar,a, en algunos momentos la lectura nos paraliza, la carga de
violencia e injusticia es tan patente que nos recorre un escalofrío al revivir
la historia y la desprotección de la protagonista, quien tiene a su
haber la carga de la triple desventaja: es menor de edad, es mujer y es pobre.
Como he señalado no es un texto
agradable, pero narra magistralmente la incomprensión del sistema, el miedo a
equivocarse, el cómo los niños no son escuchados, la disyuntiva entre ser fiel
a la familia o a la verdad. Violet, la rata, la delatora, es alejada de su
familia. Entra en el sistema de protección de niños y jóvenes del Estado, que es
incapaz de proteger y menos de reparar el corazón, el cuerpo y la psique de
nadie que haya sufrido. No vuelve a ver a su familia hasta 13 años después, al
igual que la condena que cumple su hermano Lionel.
Porque
ella vive su vida como una condena, ella se culpa de lo que le ha pasado a su
familia, de la ruina de sus padres al pagar los múltiples abogados, de la muerte
de su hermano Jerr en la prisión… Cree que todo lo que le pasa es un
castigo por ser una rata delatora, el título original de la novela es La vida como una rata, así que no se
revela ante todos los infortunios que le van pasando: el abuso por parte del
profesor de matemáticas filonazi a quien no es capaz de denunciar, ya había
creído en el sistema al delatar a sus hermanos y se había
sentido totalmente desamparada; el acoso por parte de su tío, la relación
tóxica con el tipejo a quien le limpiaba
la casa. Sus vivencias son sino estaciones de un
calvario a lo largo del cual los personajes masculinos, casi sin excepción,
actúan como depredadores, agresivos y sibilinos, dominados por un impulso
sexual ciego e inmunes a la empatía. Ninguno de los amargos aprendizajes de
Violet la blinda ante el pánico de la probable venganza de sus hermanos, como
tampoco le atenúa la necesidad irracional de volver al seno familiar, de ser
aceptada y absuelta del delito de haber traicionado a los suyos. El castigo por
su pecado contra el clan familiar (los Kerrigan) y social (los blancos de South
Niagara) es una inacabable expiación. Pero al mismo tiempo es también una vía
de descubrimiento: de las desigualdades de género, de la defensiva suspicacia
ante los hombres, de la mansedumbre de las mujeres (su madre o su tía), de la
lucha por la mera supervivencia o de la solidaridad entre los perdedores y
lastimados.
Toda una
vida de destierro por chivata, viviendo horrorizada imaginando el momento en el
que sus hermanos saliesen de la cárcel. Años de espera, con el miedo metido en
los huesos, girando la cabeza a cada pisada escuchada detrás. Esperando,
siempre esperando a que la venganza tocara su puerta, esperando una llamada de
perdón por parte de sus padres, de sus hermanas, esperando para recomponer los
cachitos de una vida que quedó resquebrajada.
Cuando estás esperando no
eres ni feliz ni desgraciada. Aguardas. De manera solo a medias consciente, di
por sentado que continuaría siendo la misma Violet atrofiada y maldita de doce
años, aunque el tiempo siguiera extraña, indiferentemente su curso, como si la
catástrofe que era mi vida no pesara más que una pluma que ya ha salido volando
por los aires.
Me
quiero detener un momento en la familia Kerrigan, una familia que tiene un
concepto de mutua lealtad sin importar si esa lealtad está fundada en el temor
o en el cariño, resulta clave el hecho de que para los padres de Violet sea más
grave la "traición" de la hija menor que el crimen cometido por los
hijos mayores. Para ellos hay todo el apoyo al punto de justificar sus acciones
y de culpar a otros de sus actos, Violet no tiene este beneficio, es desterrada
y exiliada sin miramientos. No existe empatía hacia las víctimas, ni ante la
pobre chica violada por la “manada escolar” ni mucho menos ante el joven
asesinado. En ningún momento hay una pizca de piedad hacia la familia del chico
apaleado, se entroncan en rumores y tópicos en los que los chicos Kerrigan son
injustamente ajusticiados por ser “blancos”. La madre de Violet (Lula) es una
mujer débil y sin carácter que actúa al compás de lo que dicta su marido y que
no se atreve a contradecir lo que dice. Una mujer que no tiene control ni
siquiera de su propia vida.
La
autora cuenta la historia desde la mirada de la protagonista, esa primera
persona que es casi una confesión, un querer narrar todo después de tanto
silencio, e introduce también una segunda persona, un diálogo que la Violet de
hoy día parece mantener con la Violet de la época. Un diálogo que es una mezcla
de acusaciones, justificaciones, advertencias y también interrogantes de por
qué no pudo protegerse de tanta violencia. Es una prosa sin florituras que va
al grano y al fondo de lo que quiere trasmitir, que no tiene contemplaciones
que no busca suavizar lo que dice. Dato relevante es que la autora relata los
hechos desde cierta distancia, casi como una crónica, no toma partido y tampoco
busca congraciarse con el lector y que este empatice con los personajes, ni
siquiera con Violet que parece perpetuarse como víctima y que a duras penas
logra levantar la cabeza. Los sentimientos de culpa de la protagonista se
reflejan en un estilo de escritura fluido y certero, rico en paréntesis y
letras cursivas, en el que se juntan pensamientos, inseguridades, miedos,
palabras censuradas, provocaciones, deseos íntimos y molestos. Una
historia con bastantes flashbacks que muestra el dolor implacable de
Violet, víctima de la sociedad, de su familia y del entorno que frecuenta. La
prosa de la autora es apremiante y desgarradora, su forma de narrar no deja
escapatoria, sin duda un libro inolvidable desde el punto de vista narrativo.
Una novela que invita a una reflexión profunda, un
retrato perfecto de nuestra sociedad donde aún abunda el machismo, el racismo y
las desigualdades sociales, el bullying, el abuso y la violencia tanto sexual
como moral y física.
Joyce Carol Oates nos obsequia una
historia dolorosa de relaciones familiares pero que deja una puerta abierta a
la esperanza y a la vida, mostrando cómo, incluso de los abusos y sufrimientos
más inadmisibles, puede haber redención. Consigue que al lector se le
acelere el pulso y experimente la indignación mayúscula que Violet, abrumada
por las circunstancias, no siente. Pero el panorama que dibuja, que incomodará a no
pocos lectores, ha debido antojársele demasiado desolador y, aunque Violet no
pueda encontrar cobijo en el ámbito familiar, sus hermano Lionel sigue siendo
un violento abusador incapaz de repudiar en ningún momento su conducta, puede
que encuentre la paz junto a su amigo del instituto y Oates nos da la clave en
dónde está la superación de la barbarie:
“Tyrell se ha hecho… y ya no es el tímido alumno
aterrorizado por el demonio blanco que es su profesor de matemáticas. Se ha
impuesto brillantemente sobre aquel demonio y ha seguido adelante. Su venganza
es –un desquite astuto, hábil- lo que Tyrell Jones necesita, EL CONOCIMIENTO ES
EL ARMA PERFECTA. Ni las emociones, ni los caprichos del deseo, ni el júbilo
extático de la violencia, sino más bien el conocimiento, el saber y el poder
del saber”
Estas líneas son un respiro
ante la novela que hemos leído y que me ha recordado en muchos momentos Educación
de Tara Westover, en el que al igual que Delatora la familia es un lugar de barbarie en la que un padre salvaje y fanático controla la vida de sus miembros y en el que la única forma de escapar a la barbarie es la educación, el conocimiento.
Carol Oates
merece lectura porque, pese a su aparente fragilidad, tiene fuerza para la
denuncia y talento para hacerla a través de la literatura con novelas
tremebundas, como ésta. También lo hace como ciudadana, donde ha sido una de
las opositoras más tenaces y jugadas frente a la brutalidad de “el
innombrable”, como llama al ex presidente Donald Trump.
Tráiler: Foxfire – Laurent Cantet – Rebeldía Femenina En Los Años 50: trailer.
Película basada en una novela
de Joyce Carol Oates llevada previamente al cine por Annette Haywood-Carter en
“Jóvenes Incomprendidas” (1996). Con guión de Robert Campillo (“La Clase”,
“Hacia El Sur”) y Laurent Cantet (“La Clase”, “Hacia El Sur”).